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sábado, 4 de agosto de 2007

¿Sabemos manejar?



Creo que en la Ciudad de México la inmensa mayoría de las personas aprende a manejar con el primo, la prima, el hermano, la hermana, el amigo, la amiga, el papá, la mamá, el novio, la novia, y no en una escuela de manejo.
Asimismo, como a nadie le piden un curso de manejo ni le practican un examen de manejo al momento de tramitar la licencia, este documento no representa que el conductor sepa manejar, ni tampoco que tenga conocimientos teóricos sobre la manejada.
En otros países obtener la licencia puede representar un esfuerzo de meses, usualmente realizado por jóvenes que están en transición entre la escuela preparatoria o equivalente, y la universidad o un trabajo, por lo cual acuden constantemente a cursos y prácticas hasta que por fin obtienen la licencia. Los conocimientos teóricos en esos países son sumamente elevados.
En México, y particularmente en la Ciudad de México, los conocimientos teóricos son casi nulos. Uno puede hacer una prueba muy simple para ver cuan bajos son. La señal de ALTO nos dice todo. Si uno viaja a una ciudad con calles en forma de cuadrícula, en cada esquina debe haber una señal de alto, en al menos una de las cuatro bocacalles. En México, en las colonias cuadriculadas esto no siempre ocurre, pero además cuando uno maneja en una ciudad que sí tiene ese tipo de señales, la reacción inmediata es frenar en cada esquina, hasta que un oriundo empieza a explicar en qué calles sí debe uno frenar y en qué calles no. Simplemente la señal de ALTO sale sobrando para los que manejamos en la Ciudad de México, porque en todo caso debemos verificar si hay un auto o no en la otra calle, independientemente de si dice ALTO o no.
Otra prueba posible es que si manejamos en el extranjero (finalmente somos muy pocos mexicanos los que salimos del país, menos aún los que manejamos en el extranjero y todavía menos los chilangos que lo hacemos), vemos que nuestros leves conocimientos sobre la señalización están subordinados al idioma. Sabemos qué hacer frente a la señal de STOP porque ese octágono parece ser universal, pero no así el triángulo de "Ceda el paso". Por lo que muy pocos capitalinos manejando en el extranjero sabrían qué hacer con la señal de YIELD.


Puedo repasar una serie de errores comúnes que cometemos los capitalinos al manejar fuera de la ciudad. Sin que ninguno sea más grave que el otro diré: primero, partimos de que lo que no está prohibido está permitido y eso nos permite dar vueltas a la izquierda, dado que en la Ciudad de México todas las vueltas que no están prohibidas están permitidas, mientras que en otras ciudades las vueltas a la izquierda están señalizadas; segundo, en las vueltas a la izquierda nosotros siempre nos acomodamos en posición de vuelta sobre el arroyo de la vialidad a la que habremos de incorporarnos, mientras que en otros lugares suelen esperarse antes de la línea de peatones; tercero, en las glorietas entramos sin parar, suponiendo que los que están dentro deben cedernos el paso; cuarto, creemos que si bien debemos respetar la señal de no estacionarse, el paro momentáneo está permitido, cuando en realidad es la excepción que jamás debe utilizarse cuando hay tráfico; quinto, cualquier señal de precaución es interpretada como si los precavidos deben ser todos los que nos rodean; los chilangos nos distinguimos al manejar a cientos de metros de distancia, y cuando la cercanía lo permite uno mira la placa y confirma la información: "chilango". Sobre esta modesta lista quien lea esta columna puede añadir lo que quiera.


Reconociendo que los habitantes de la Ciudad de México y zona conurbada no sabemos manejar pregunto ¿Para qué sirve la licencia? En realidad no sirve más que para otros trámites: el seguro la exige y cuando nos hace una revisión la policía. La licencia no es un documento que demuestre conocimientos teóricos o prácticos sobre la conducción de un vehículo. Por lo tanto, el trámite de la licencia se podría omitir.
Ahora bien, yo no propongo que el trámite de la licencia se omita. Yo lo que propongo es que el trámite de la licencia se privatice, al menos la licencia tipo A, es decir, la que está destinada a automóviles y vehículos ligeros. Quienes deben exigir la licencia son las aseguradoras y no el gobierno. Si una licencia no garantiza que el conductor sepa manejar, no es relevante que la autoridad pida la licencia al momento de entrar en contacto con un conductor: la ausencia de licencia no refleja si el conductor sabe o no manejar, sólo refleja que no hizo un engorroso trámite burocrático. La licencia no es entonces relevante para la autoridad, es relevante para quien quiere extorsionar al ciudadano.
Puedo reconocer que el régimen ideal de licencias sí es uno que garantice los conocimientos teóricos y prácticos del 100% de conductores, pero dado que nos resultaría muy difícil llegar a él, debemos pensar antes que otra cosa en un "segundo mejor". Ese régimen es que uno acredite que sabe y puede manejar ante entidades privadas subordinadas a las aseguradoras. De esta manera se generará un antecedente claro sobre la conducción y allí podrían registrarse también las infracciones por parte de la autoridad, de tal suerte que no sea tan relevante el suspender una licencia por acumulación de multas, sino elevar primas o deducibles para quien sea un infractor cotidiano. Habrá que trabajar en las modalidades específicas de lo que propongo, pero no tengo la menor duda de la obsolescencia del procedimiento actual. Hoy la licencia sólo es un trámite burocrático, no es una garantía de lo que el estado pretende garantizar a través de ella, que es el saber y poder manejar, el contar con los conocimientos teóricos y prácticos de la conducción de un vehículo.

2 comentarios:

Jorge Alberto Novoa dijo...

Roberto, tienes toda la razón en tus comentarios, ojala se implementara por parte de las aseguradoras el requisito que mencionas, que podría ser inclusive un documento adicional para lograr descuentos interesantes en la prima a las personas que demuestren tener buen historial de baja de siniestros en la conducción de los vehículos.
Recibe un cordial saludo de tu siempre amigo

Jorge Alberto Novoa

Roberto Remes Tello de Meneses dijo...

Gracias amigo