El bloguero de la megablógolis

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martes, 2 de octubre de 2007

Otro comentario más sobre el liderazgo

Uno puede cacaraquear el huevo para decir que hizo bien o mal una cosa. Casi cualquier obra o decisión es vendible así. De cualquier manera, hay decisiones costosas que los políticos no quieren tomar. El liderazgo en la ciudad implica tomar esas decisiones costosas. Cuando un gobierno se decide, adquiere un liderazgo que trasciende. También a eso se refería Felipe Calderón con su célebre discurso.
¿Está el jefe de gobierno del DF, este u otro, dispuesto a hacer algo cuya mayor recompensa no se vea ahora sino años después de que terminó su gestión? Cuando podamos decir que sí en muchos de los temas, entonces tendremos un gobierno de altura, con liderazgo para la ciudad.
Este ha sido hasta el momento el artículo más breve. Hoy el gobierno de Marcelo Ebrard me dejó una buena impresión por una reunión de trabajo en la que participé con algunos de sus funcionarios. De momento no puedo decir de que se trata. Cuando sea el momento lo diré. Pero es por ello que retomé el tema del liderazgo. Si otras decisiones se toman así, qué bueno que así sea, contrastará la censura a las pancartas del PAN durante su informe, con una buena decisión. Ojalá y ya pronto pueda decir a qué me estoy refiriendo, y ojalá el GDF muestre posturas con visión más allá de los límites de una administración. La mediocridad de los antecesores lo había impedido.

lunes, 1 de octubre de 2007

Dos meses

Durante dos meses nos hemos mantenido publicando diario. Quedan muchos temas por tratar. En realidad los temas serán interminables.
Hoy quiero hablar del clima de la ciudad. Es octubre ya. Hace frío. La ciudad suele rondar, a lo largo del año, de 0 grados en los más fríos días de enero hasta los 32 grados centígrados en distintos momentos entre marzo y abril. Puede irse de una sequía insoportable hasta inundaciones y desbordamiento de canales y ríos con aguas negras.
El clima es extremo. Las costumbres parecieran ser las mismas. Uno va a otras ciudades y puede encontrar, sobre todo a las mujeres, vistiendo poca ropa durante la época de más calor. Aquí por lo general hay mayor precaución, quizá por miedo a un chiflido, a un obsceno piropo, o hasta una nalgada, es menos común que en días de calor sofocante las mujeres recorten al mínimo el tamaño de sus prendas, quizá sólo las más jóvenes. Recuerdo que en la escuela si alguien -hombre- llegaba de shorts le chiflaban y lo humillaban hasta el cansancio.
En cambio en el frío, cuando empieza el aire helado, la gente retrasa al máximo el uso de guantes, bufanda, y definitivamente nadie utiliza ropa interior térmica. El frío de esta ciudad es calador. Decía que puede llegar a los 0º. Ha habido registros menores (así como también ha habido registros mayores a los 32º). Ha habido nieve. Dicen que tres veces en el siglo pasado. ¿Deberíamos vestir más abrigado?
Por ejemplo, Madrid tiene registros promedio muy similares, de 32-33º a fines de julio y principios de agosto, hasta 0º en diciembre y enero. ¿Cómo vestir allá? ¿Cómo vestir acá? Me parece que podríamos abrigarnos más, pero no lo hacemos porque no es costumbre y tampoco cambiamos hábitos alimenticios. Nuestra dieta es quizá la misma a lo largo del año, cuando deberíamos intensificar las grasas entre octubre y enero.
Si nos vamos a promedios oficiales (máximo máximo y mínimo mínimo para un día específico) tenemos en México 6º en Buenos Aires 8º y en Madrid 0º, como mínimos promedio (aunque puede llegarse a una temperatura menor, a lo largo de los años, el promedio de una fecha específica es el que se muestra). En los máximos tenemos 28º para México y para Buenos Aires, y 33º para Madrid. ¿Cuál identificamos como más extremoso? Madrid lo es más, pero en todo caso ganamos a Buenos Aires que tiene más fama de extremoso (en México y Buenos Aires hay viento intenso, aquí por las corrientes de las montañas, allá por la cercanía con el mar).
¿Qué hacer en términos de política pública? Hay que promover una mejor alimentación según la época del año, así como el abrigo o el desabrigo según la época del año. Hay que combatir las prácticas machistas para dar mayor seguridad a las mujeres en época de calor. Hay que vigilar que los más pobres tengan acceso al abrigo y a la alimentación necesarias en los días más vulnerables. También creo que haya que tener un sistema de reacción en caso de nevada, pues estadísticamente estamos convencidos de que falta poco para la próxima.
En Chicago visité el sistema meteorológico mediante el cual se toman decisiones y se monitorea para ello, cada sección de la ciudad. La intensidad de las lluvias nos obliga a ir un paso adelante y deberíamos fortalecer las acciones preventivas en función del monitoreo del clima por colonia. Esto nos ayudará a reducir riesgos.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Hacia el liderazgo en la ciudad 3

Yo me pregunto si un gobierno que niega la participación de los opositores, que intenta desconocerla, puede ser un gobierno con liderazgo. La respuesta es por supuesto que no. Nadie va a lograr un consenso absoluto con los opositores, pero en la manera en que se impone y se da a respetar por sus posiciones diferenciadas, es que logra convertirse en un líder.
Lo que hizo Marcelo Ebrard con su anuncio sobre la propuesta de seguro de desempleo es sin duda un ejemplo de lo que no debe hacerse: tratar de negar la participación opositora borrando las imágenes en las que había un gesto de protesta. Por dos décadas, los presidentes han tenido que vivir con protestas durante el informe. Quizá al principio eran justificables por los pocos espacios de participación política opositora. Hoy son una verdadera monserga. Aún siendo de mi partido, puedo no compartir el que los diputados del PAN sacaran unas discretas pancartas contra Marcelo Ebrard, pero mucho menos comparto que éstas queden borrosas o pixeladas en un anuncio de televisión para exaltar la figura del Jefe de Gobierno (están aprovechando la ventanita que ofrece el hecho de que aún no se publique la reforma electoral que impedirá la promoción personal de los funcionarios).
Es cierto que hay que suavizar ciertas posturas, que uno tiene que conciliar, que un político no puede ser puritano todo el tiempo. No obstante, tampoco es posible rayar en un extremo de negar la existencia de la oposición, aún bajo el supuesto de que ésta tienda a abusar de su posición opositora.
Si el estadista, así sea el alcalde de una gran ciudad, no entiende cuándo tiene que ceder, cuándo la oposición tiene, si no la razón, al menos la libertad para protestar, entonces el gobernante no ha puesto por delante el ente gobernado. La condición de líder estadista implica reconocer todo lo que la oposición significa. Para bien y para mal.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Hacia el liderazgo en la ciudad 2

Me equivocaría, y se equivocaría cualquiera que pensara así, si creo que cualquier gobierno emanado de un partido distinto al mío será un fracaso. Yo veo cosas buenas y otras que no me gustan en el gobierno de Marcelo Ebrard, pero estando a cinco años y semanas de que termine, me parece que el saldo puede ser muy positivo para la ciudad.
La ciudad requiere liderazgo, pero ese liderazgo pasa no sólo por lo que he mencionado ayer y antier, el que el Jefe de Gobierno esté más comprometido con la ciudad que con su siguiente puesto, sino también por un objetivo claro.
Yo percibo que un objetivo muy claro para la actual administración es que la ciudad deje de crecer sin rumbo, que deje de tener sólo proyectos aislados y que se articule una política más ambiciosa de cambios en la ciudad, sobre todo en materia de transporte público y espacios para los peatones. Más allá de si el gobierno de Marcelo Ebrard es un gobierno bicicletero, de si se dedicó a promover una gran torre en medio del Bosque de Chapultepec o si retoma la frivolidad de la pareja presidencial en una reencarnación de la insoportable Martha Sahagún, con la todavía más insoportable Mariagna Prats, lo que yo encuentro es que si al final de la administración nos topamos con que de los más de 40 millones de viaje persona al día que se realizan en la ciudad, más de 4 millones de ellos se realizan en condiciones sustancialmente mejores que en 2006; si nos encontramos un Centro Histórico sin ambulantes y con calles peatonales; si se acaban los problemas de estacionamiento mediante una tarificación más eficiente y el impulso a los estacionamientos subterráneos; si nos encontramos con nuevas plazas públicas, con una red de ciclopistas ligada al transporte público, con recuperación de espacios secuestrados por la delincuencia, y si nos encontramos con una ciudad más segura ... entonces podremos decir, que Marcelo Ebrard haya cumplido.
Hoy, esto que mencioné parecen buenos propósitos, pero el "cómo" que él maneja no es del todo descabellado, no es imposible. Al contrario.
Ese objetivo, 2012, si estaá presente en los actos de gobierno, creo que se puede alcanzar. Y en ese sentido, creo que para 2018, habiendo cumplido el gobierno que acaba en 2012, podemos pensar en varias cosas:
1. Que al menos 2/3 partes de los viajes persona día que se realicen en la ciudad se realicen en condiciones óptimas de seguridad, velocidad, comodidad y precio, y que utilizando el transporte público todos los viajes se puedan realizar, de un punto a otro de la zona urbana del Distrito Federal, en menos de 90 minutos.
2. Que se haya logrado una ambiciosa recuperación de espacios para crear plazas públicas y áreas verdes en las zonas con mayor saturación poblacional y carencia de las mismas al día de hoy
3. Que se cuente con un presupuesto al menos 50% superior al actual en términos reales
4. Que la población perciba y se enorgullezca de un cambio radical en el rumbo de la ciudad, gracias a mejores condiciones del transporte, abasto de agua, seguridad, espacios públicos y áreas verdes
5. Que se trate más del 100% de las aguas consumidas en la ciudad
6. Que se integre la recuperación de espacios para los habitantes con la recuperación económica y la difusión de la cultura
7. Que se incremente el turismo recreativo varios puntos por encima del promedio de crecimiento del turismo mundial
8. Que se termine la discriminación en los bares y centros de esparcimiento para jóvenes
9. Que el 95% de la población utilice el transporte público al menos una vez al año
10. Que la Ciudad de México se convierta en un ejemplo mundial de recuperación de una ciudad deteriorada y sin rumbo

Yo creo que estos objetivos habrá que afinarlos más conforme comprobemos el desempeño de la administración de Marcelo Ebrard. Ojalá y que cumpla con sus propios objetivos. Ya perdimos 9 años con los gobiernos mediocres de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés López. Ambos tenían la cabeza en otro punto. Nunca estuvieron comprometidos con la ciudad.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Hacia el liderazgo en la ciudad 1

Presenté ayer el discurso del Presidente Calderón sobre el liderazgo. Ahora quisiera empezar a aterrizar el tema sobre la ciudad.
Cuando el Jefe de Gobierno tiene aspiraciones presidenciales empieza a guiar sus actos hacia la construcción de esa candidatura. Parece ser que de manera inherente al puesto, los que encabezan el gobierno del Distrito Federal suelen aspirar a la Presidencia, al menos en los últimos cinco sexennios. No podría decir mucho de los primeros Jefes del Departamento del Distrito Federal que duraron todo el sexenio, Javier Rojo Gómez con Manuel Ávila Camacho, y Fernando Casas Alemán, con Miguel Alemán, pero me parece que ambos estuvieron en algún momento interesados en ser ungidos con la candidatura presidencial; al parecer no fue el caso de Ernesto Peralta Uruchurtu, pero sí lo fue el de Alfonso Corona del Rosal; más lo fue de Alfonso Martínez Domínguez, quien inició en esa posición durante el sexenio de Luís Echeverría, que de su sucesor, quien duró cinco años en el cargo, Octavio Sentíes. En el caso de Carlos Hank González había un impedimento constitucional pues su padre era extranjero y entonces había una exigencia de ser hijo de padre y madre mexicanos por nacimiento. A partir de Ramón Aguirre Velasco, 1982-1988, la Ciudad de México ha estado gobernada generalmente por quienes aspiran por la Presidencia de la República. Manuel Camacho Solís aspiró a la Presidencia de la República (no Manuel Aguilera, su sucesor inmediato, ni Óscar Espinosa, quien fue el último Regente). Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés López y ahora Marcelo Ebrard, reflejan la aspiración por la Presidencia al momento de gobernar.
¿Eso los puede hacer grandes líderes? ¿Eso les impide serlo? Como decía con anterioridad. Creo que debe haber un deslinde completo de la Presidencia de la República para gobernar bien esta ciudad. Pero si no hay ese deslinde, yo esperaría un cinismo extremo, que el Jefe de Gobierno se ría de sus propias aspiraciones presidenciales diciendo con convicción lo que requiere el país. Yo creo que requiere discutir la forma de aplicar un impuesto al consumo; yo creo que requiere discutir muchas cosas respecto a Pemex, la petroquímica, la refinación y otros temas petroleros, incluyendo el sistema de pensiones; yo creo que requiere replantear el papel de Luz y Fuerza del Centro en el abasto del centro del país; yo creo que requiere discutir la política educativa del país más allá de disputas de poder sindical; creo que es incluso válido que se pongan sobre la mesa temas diplomáticos que en automático se descartan echando por delante la "Doctrina Estrada", como el papel de México respecto a los derechos humanos en Cuba y en Guantánamo, las relaciones con China o con la Isla de Formosa, las relaciones con gobiernos dictadura-perfecta (dictadura con elecciones) como los de Rafael Correa, Evo Morales y Hugo Chávez. Sin duda habría más temas que pudieran ser puestos sobre la mesa.
La Ciudad de México debe ser gobernada con visión. El Jefe de Gobierno no puede estar metiéndose en temas nacionales todo los días. Cuando le afecten los ha de tocar. Cuando no, no. Cuando se le cuestione sobre su probable candidatura por la Presidencia debe hablar de los tragos amargos que debe pasar el país.
¿Por qué hacerlo así? ¿Por qué no permitir que el Jefe de Gobierno provoque a los medios y a los gobiernos con temas nacionales? Porque se le contrató para dirigir la ciudad. Le insistirán sobre su probable candidatura presidencial, por eso la salida cruda, aprovechando que el costo de las medidas planteadas sería más barato así.
Gobernar algo significa tener la cabeza puesta principalmente en ese algo, y no en el siguiente puesto. Esta ciudad demanda que quien la gobierne piense en el resultado que dejará a ella, y no en el resultado que se dejará a sí mismo.
El liderazgo que esta ciudad requiere no es por el poder, sino por el bien de la ciudad.

jueves, 27 de septiembre de 2007

El discurso de Felipe Calderón

En estos días se ha comentado mucho el discurso de Felipe Calderón hacia los invitados de la Revista Líderes. El discurso me gusta. Es audaz, echado para adelante, con mucha visión, provocador. No sé si sea el mejor discurso del presidente Calderón, pero es uno de los mejores.
Entonces pienso ¿por qué no pensar este tipo de liderazgos comprometidos para cada rincón de la patria? No es fácil, sin duda, pero si bien esperamos todos la visión de estadista para un presidente, también debemos esperar su equivalente para un Jefe de Gobierno, y para un jefe delegacional, y para todos los niveles de representación.
Cuando esta ciudad esté gobernada por alguien que no aspire a la Presidencia de la República, e incluso hasta más allá, por alguien que diga Yo no quiero ser Presidente, pero si me siguen candidateando de antemano les aviso que quiero discutir el tema del IVA, una reforma a fondo para Pemex y CFE, la reforma educativa, una legislación en materia de transparencia de cámaras y sindicatos, y en general todas las reformas que por ser tabú nadie se atreva a proponer. Eso garantizaría que el Jefe de Gobierno no sea candidateado a la Presidencia o que sea candidateado con la verdad. Eso indudablemente beneficiaría a la ciudad.

Por ser un tema de mucho interés he decidido presentar aquí el discurso pronunciado por el Presidente Felipe Calderón Hinojosa en la reunión con los 300 líderes más influyentes de México, el pasado 21 de septiembre de 2007 en la Ciudad de México:



Muy buenas tardes, queridas amigas, queridos amigos.
Me da muchísimo gusto compartir con ustedes este almuerzo a invitación de Jorge y de Raúl Ferráez, de Líderes Mexicanos.
Es un gran gusto el poder estar con ustedes en esta presentación, en esta reunión, en esta convocatoria que la Revista Líderes hace con 300 de las mexicanas y los mexicanos más influyentes en la vida nacional.
Me da gusto además observar el fortalecimiento de este proyecto editorial, que como ya explicaba Jorge aquí, tuve la oportunidad de conocer hace una década y media.
Pienso que siempre las ideas y las experiencias de mexicanas y mexicanos destacados que ofrece esta revista de manera muy original, marcan ejemplos, testimonios y vivencias para seguir en nuestra generación.
Es un honor también ver en cada una y en cada uno de ustedes, mujeres y hombres que han brillado con luz propia en la empresa, en la economía, en la política, en el arte, en la cultura, en el deporte.
Mexicanas y mexicanos que han demostrado cualidades de dirección, de conducción, de liderazgo, las cuales se ejercen además en beneficio de México.
Señalaba también Jorge en su mensaje, que una de las características que ha encontrado en aquellas y aquellos a quienes entrevistan, es el tener un sueño, una visión.
Y quizá lo que yo pueda reflexionar este viernes, tiene que ver con esto. Estoy convencido que la clave, no sólo de ser líder o pretenderlo, la clave de vivir con sentido en este mundo es creer, es creer en algo, es creer en algo intensamente, ser capaz de soñar, ser capaz de imaginarlo, creer en algo firmemente.
Creer en algo implica también tener la fuerza para sostenerlo, no sólo la fuerza, sino la congruencia vital, escasa en nuestro tiempo, de ser coherente entre lo que se piensa y lo que se dice y todavía más escasa y quizá especie en extinción, la congruencia entre lo que se piensa y lo que se hace.
Ortega y Gasset, hace ya muchísimos años, aportó al análisis nuestro el estudio de la historia en base a generaciones y mencionaba que la historia se escribe, precisamente, no en una masa uniforme, impersonal, sino más bien en la cadencia que se siguen unas generaciones a otras, que cada generación era una minoría selecta y su muchedumbre lanzada a la existencia con una trayectoria vital determinada.
Yo no sé si esta lista de 300, ó de 500, ó de 100, ó de 20, ó de 10, sea una lista adecuada, quizás ni somos todos los que estamos ni están todos los que son, no lo sé.
Lo que sí creo, lo que sí sé, es que cada una y cada uno de ustedes tiene algo qué hacer, que cada una y cada uno de nosotros tuvo más oportunidad en este México quebrado por el dolor de la injusticia y la desigualdad.
Tuvo mucho más posibilidades que cualquier otro, tuvo más posibilidades que una niña que ni siquiera llegó a los dos años de edad en la montaña de Guerrero.
Tuvo más oportunidades que un tarahumara en la Barranca del Cobre, tuvo más oportunidades que una joven en las orillas de Chimalhuacán que ha sido prostituida a sus 13 años en La Merced en la Ciudad de México.
Tuvo más oportunidades de ser y de hacer, y este México tiene más que exigirle a ustedes que a esa niña que está en La Merced, tiene más que exigirle a ustedes que hemos tenido oportunidades de aprender, vivir y de ser, que a esos jóvenes que están en la montaña alta de Guerrero o de Oaxaca o de la Barranca del Cobre.
Tiene más que exigirnos, que a los que están ahora levantando su puesto ambulante en uno de los ejes de la Ciudad de México, tiene más que exigirnos a nosotros, que a quienes están levantando ahora una cosecha que no les dejará ni para comer los próximos dos meses.
Pienso que esta minoría selecta, esta élite tiene una responsabilidad enorme con su generación y con nuestro tiempo; pienso que esta minoría selecta que a final de cuentas marca cadencias en una generación, tiene mucho más que hacer que los demás.
Y lo que nos decía Ortega y Gasset es que estas generaciones eran como ejecutores de una larga sinfonía, ni más ni menos que la sinfonía de la historia, y hay momentos en que hay generaciones que se pierden, se hunden, se callan, se opacan en la mediocridad, se opacan en el miedo, en el temor, en la desesperanza, en la inercia.
Hay generaciones y sus minorías selectas que nunca se asumen corresponsables de su tiempo, y entonces, como una sinfonía mal ejecutada, como una terrible distorsión, como un colectivo desafinamiento que rompe la continuidad de la música, que hace un estruendo, un chirrido ofensivo incluso a quien escucha, lo que era una larga sinfonía; entonces la historia y la continuidad del hombre se pierden.
Cuántas veces en nuestro México se ha roto nuestro tiempo, cuántas veces hemos perdido, cuántas crisis económicas en nuestro México reciente han mandado a más de la mitad de los mexicanos a la miseria otra vez.
Cuántas fortunas se han construido sobre la sangre y sobre el dolor de esa mitad de mexicanos.
Y más atrás, cuántas batallas hemos perdido, cuánto territorio, cuánta mediocridad hemos aportado entre todos para hacer de este país enorme, bendito por sus recursos naturales, por su historia, por su identidad, uno más entre el ciento de países que pueden hacerlo, pero que no lo han hecho.
Pero a veces también, amigas y amigos, hay momentos de lucidez, de esplendor, en que esa minoría, esa minoría selecta, ese pequeñito grupo de empresarios, de intelectuales, así llamados; ese pequeño grupo de periodistas y de deportistas y de artistas y de políticos y de servidores públicos y de trabajadores, hace a un lado la gran tentación humana de quedarse sentado a la orilla del camino, hace a un lado la gran tentación humana de quedarse simplemente a descansar los fines de semana, hace a un lado la gran tentación humana de poner a salvo el pellejo y no hacer absolutamente nada que nos comprometa, hace a un lado las grandes tentaciones humanas de ser igual que siempre, y de apostarle un poco más a trascender y a pensar en algo distinto.
Y entonces es cuando esas minorías selectas y sus muchedumbres que la siguen transforman la historia y entonces la sinfonía se ejecuta distinto y entonces la música del tiempo y la historia del hombre es verdaderamente trascendente, entonces estamos hablando de una cosa absolutamente distinta a cualquier especie.
Eso es, entonces, lo que yo entiendo cuando verdaderamente existen y se ejercen verdaderamente los liderazgos, es cuanto implica el ser líder, el ser capaz de trascender, el ser capaz de creer y cuando entre los que creen que hay alguien que es congruente y cuando el que es congruente es no sólo entre lo que piensa y lo que dice y lo que guarda, sino entre lo que piensa y lo que hace, y cuando el que es congruente es capaz de sacrificar y de mover, y cuando el que piensa, cree y hace lo que es congruente, es capaz de escapar a lo que los demás dicen, es capaz de ser, como dice Eliot, el fugitivo.
El fugitivo, porque según él, en un mundo de fugitivos el que toma la dirección contraria parece ser el que huye.
Cuando alguien es capaz de ser fugitivo en un mundo que huye, es entonces cuando verdaderamente pueden escribirse las cosas completamente distintas.
Hay ciertos mandamientos que Gandhi heredaba a la gente de su tiempo, yo citaría quizás sólo tres de los siete que nos ha dejado:
Cuáles son los pecados de la humanidad, los vitales; cuáles son los pecados capitales, los siete que nos dejan a ustedes y a mí, las responsabilidades que nos toca vivir y acompañar.
Son acaso los tradicionales, los de la vieja filosofía tomista, los del Éxodo, quizás estos pueden quedar ahí, reflexiones propias.
Pero pecados nuestros verdaderamente son: uno, hacer política sin principios; hacer comercio sin moral, hacer oración sin sacrificio, hay muchos otros.
Pero a quienes tienen la responsabilidad de estar enfrente de otros que los ven y que los siguen, no pueden fallar.
Amigas y amigos:
Allá afuera, hay un México, ciento cinco y pico millones de mexicanos esperando a ver a qué horas hay una fuerza nacional capaz de entenderse y hablar.
Hay un liderazgo, una minoría selecta en la cultura, en la economía, en la empresa, en la política, en el deporte, capaz de mover a este país en una dirección distinta al lamento eterno, que nos han enseñado a ser.
Una minoría capaz de creer que México puede ser distinto del México del ya merito, y del ahí se va, y de que tienen la culpa los gringos, o tienen la culpa los empresarios, o tienen la culpa los políticos, o tienen la culpa otros.
Un México distinto al que se queda quieto, callado, resignado; un México distinto al que se acobarda frente al que tiene una AK-47 y hace lo que se le da la gana porque los 105 restantes, los 105 millones simple y sencillamente no están en la menor disposición de arriesgar absolutamente nada.
Un México distinto al de la oruga docta que pontifica y se sube allá a su torre de marfil y que tarde o temprano queda convertida en pedestal de imbéciles.
Un México distinto verdaderamente al que nos enseñó a agacharnos, a resignarnos, a esperar, a criticar y a ver a qué hora pasa una cosa como por arte de magia, como por milagro, como por resignación plena que vierte a las divinidades nuestras tan poderosas, el cambio de la historia.
El cambio de la historia, amigos, es responsabilidad absolutamente nuestra, es responsabilidad de los millones de mexicanos que somos, sí, pero especialmente quienes han sido marcados por un privilegio o por una especialidad.
Quienes han sido llamados por sus compañeros, por sus amigos, que por estos jóvenes entusiastas y audaces como los que dirigen la Revista Líderes, quienes han sido llamados líderes de México.
A mi lo que me queda de reflexión es simplemente, primero, un sentimiento de gratitud por esta reunión, por este ejercicio verdaderamente estimulador que han hecho los Ferráez durante muchos años.
Segundo. Un compromiso, un compromiso de no quedarse ni callado ni sentado ni atemorizado ni paralizado.
Tercero. Una convocatoria, una convocatoria a si de líderes se trata, amigas y amigos, más vale ser y no parecer, más vale como decía Herrera y Lazo: servir y no brillar, más vale ser vivientes y no supervivientes de la historia nacional, porque la nuestra no es comedia, ni tragedia, sino drama, un drama intenso que tiene muchos espectadores, pero muy pocos protagonistas de verdad.
Y finalmente, una invitación a creer, a creer en algo, a creer firmemente en algo que heredar a los que nos suceden, a creer en México, es lo único que tenemos y a final de cuentas, lo único grande que podemos heredar.
Y si al final del camino, a pesar de la adversidad, a pesar del viento en contra, a pesar del escepticismo que nos hace dormir sin soñar, es posible entonces, transformar la historia en el momento que nos ha tocado vivir, entonces, estar tranquilos en consciencia plena ante quien verdaderamente puede juzgar sin hacer drama.
En pocas palabras amigos, yo los invito a ser lo que se dice que somos, a soñar con fuerza, a creer en lo que soñamos, a ser congruente entre lo que soñamos, decimos y hacemos y, sobre todo, a creer y a creer firmemente en México, a transformarlo, a hacerlo, a transformarlo con audacia, con fuerza, a ser capaces de responder y de rebasar los límites de lo humanamente esperable, los límites de lo conservador, de lo sensato, de lo prudente; a transformar a nuestro país en el México que queremos, un México fuerte y seguro de sí mismo.
Un México limpio, un México ganador, un México competitivo, un México justo, en el México que verdaderamente está llamado a ser, el México que será si los líderes mexicanos son capaces de responder a tal título que hoy, gracias a la benevolencia de los hermanos Ferráez, nos ha sido concedido.
Así que, amigas y amigos, transformemos a México y entonces sí nos llamaremos líderes del país.
Gracias.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

El derecho a quejarse y a poder hacer

Uno como funcionario es creativo y vaya que uno puede ser creativo y escribir todos los días en un blog y estar obedeciendo en una oficina, con la incomodidad que a veces el obedecer implica. Pero uno puede ser creativo y tener facultad de decisión y entonces lo que decide y lo que hace llevan el toque personal, la sazón de hacer bien las cosas. No importa que la función sea sellar documentos y revisar que contengan la información que exige el manual operativo y ser un soldado más. El toque creativo está en que uno crea con un objetivo (u objetivos), el individual de sentirse satisfecho y/o el colectivo de servir.
Servir y ser insultado por no servir es injusto. Servirse y no servir es tanto o más injusto. En el quehacer público uno puede llegar a vivir ambas.
En mi experiencia me ha tocado vivir la primera y observar la segunda en terceros. Pero también me ha tocado fallarle a quienes esperan algo más de uno. No me refiero a fallarles por la indolencia de archivar su demanda en la pila de papeles, sino porque la delimitación del desempeño como servidor público impide ir más lejos, por el lamentable conflicto de las competencias, siempre presente. Yo no puedo atenderte de tal calle para allá porque ya no es mi jurisdicción. Como delegado federal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente una de las más constantes era la de que yo no podía atender cambios de uso de suelo en zonas urbanas. Estrictamente la ley me restringía al ámbito "forestal" es decir, donde hubiera suelo forestal y no un parque urbano podía entrar. ¿El Bosque de Chapultepec no era un terreno forestal? Pues no precisamente para la autoridad federal. Y eso dejaba muy insatisfecho a los ciudadano. Y peor aún, la falta de jurisdicción de PROFEPA en las barrancas dejaba la sensación de que uno protegía a los desarrolladores de edificios de departamentos construidos sobre las barrancas. Y la realidad es que las barrancas sí pueden urbanizarse, siempre que la carta urbana así lo determine. Y entonces el ciudadano queda en estado de indefención, y al funcionario responsable le queda un sinsabor por haberle fallado al ciudadano en sus espectativas. Alguien me llegó a decir "si usted no es competente, me puede decir quién es la persona COMPETENTE que me pueda ayudar", en un juego de palabras en el que me cuestionaba a mí por no darle la razón en algo en que no la tenía.
Yo creo, y este es un tema nacional, más que un tema urbano, pero sin duda redunda en las necesidades urbanas, que debemos construir un sistema nacional de garantías individuales, en el que de manera subsidiaria, la autoridad federal proteja al ciudadano de las insuficiencias de la autoridad estatal, y la autoridad estatal de las insuficiencias de la autoridad municipal. Asimismo, este sistema nacional de garantías individuales se encargará de asegurarle al ciudadano, sin llegar al Poder Judicial, lo cual implica altos costos para él, que ciertas garantías, como la de petición, sean debidamente atendidas, y si están mal encausadas, sean encausadas hacia la autoridad correcta. Este sistema debe ayudarnos a lograr, de manera permanente la llamada "suplencia de la queja". Este sistema, de alguna manera, tiende a la conciliación entre la autoridad y el ciudadano; no debe sancionar a la autoridad ni menospreciar al ciudadano, debe ayudarlos a encontrar una solución, y aún cuando se detecte indolencia, corrupción, discriminación, etcétera, por parte de algún servidor público, no debe actuar contra este sino dejar que sea otra la autoridad que sancione, para no pervertir su posición mediadora.
Asimismo, este sistema permitirá aprovechar el potencial creativo del servidor público, ayudarlo a que ayude, a que no tenga miedo de las contralorías para mejorar un trámite o para que asista mejor al ciudadano.
Esto que he escrito hoy está planteado en un nivel inicial. Creo que aún hay que pensar y repensar los alcances de la institución que represente este sistema. Lo que sí tengo muy claro es que nos hemos metido en una maraña burocrática y nadie tiene mucho margen de maniobra para que mejoren las cosas.

martes, 25 de septiembre de 2007

Interés general superior al interés privado

Los derechos individuales son de interés colecctivo, pero los derechos colectivos son superiores a los legítimos intereses individuales. Aún en este caso, el gobierno debe cuidar porque los intereses individuales se respeten.
Digo esto principalmente por las grandes obras de beneficio público. Líneas del metro, puentes, acueductos, ampliaciones de avenidas, aeropuertos, entre muchas otras. Habiéndose fundamentado el beneficio colectivo, las afectaciones individuales se pueden aceptar. Pero el gobierno debe tratar de minimizar estas afectaciones: la menor cantidad de predios expropiados, el menor impacto social, urbano y ambiental, las menores afectaciones por las obras en sí. Siempre hay que valorar todas las alternativas para reducir las afectaciones individuales sin afectar los beneficios del proyecto.
El respeto al patrimonio, artístico e histórico, es básico. La compensación de las afectaciones también. Si hay protestas y los beneficios colectivos están demostrados, las afectaciones minimizadas, entonces hay que seguir adelante. Si hay protestas generalizadas, entonces hay que revisar el proceso, pero si es necesario, también puede seguirse adelante.
Ejemplos como el tren elevado, el aeropuerto de Texcoco y los estacionamientos subterráneos a mediados de los noventa, no creo que deban volver a ocurrir. En el caso de los estacionamientos subterráneos se tenía un paquete de al menos una docena de estacionamientos que no se construyó por protestas vecinales. Había algunos casos justificados porque iban a ser hechos debajo de parques, pero modificando el proyecto se podían haber logrado. Hay un gran déficit de espacios de estacionamiento en toda la ciudad. Sería menor con esos estacionamientos. No tienen que hacerse debajo de los parques, es más no deben hacerse allí, y eso era lo que había que leer de las protestas: la necesidad de reducir afectaciones, permanentes y temporales.
En abstracto muchos podrán estar de acuerdo conmigo, pero en concreto, es decir, sobre una obra específica, entonces se hace la polémica.
¿Qué hacer con la Torre Ataúd? Por supuesto que no hacerla, al menos no en las condiciones que se propone: se trata de una obra de beneficio privado con afectaciones colectivas. Es justo el ejemplo opuesto de lo que acabo de exponer. El Bosque de Chapultepec beneficia a todos, la torre sólo beneficiará a los que compren, vendan o renten, a quienes ocupen los empleos que cree, pero no será una obra de beneficio social. Por lo tanto no debe afectar al Bosque de Chapultepec.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Ley de Participación Ciudadana


Algún anónimo dejó un comentario hace un rato que justo aborda el tema que pretendía tratar para hoy y que empiezo a redactar: la Ley de Participación Ciudadana.
No puedo decir que sea mala la ley, tampoco la he estudiado a fondo, pero lo que tengo muy claro es que en los mecanismos de participación, como la consulta pública, el referéndum y la iniciativa popular, ha fallado, como también ha fallado en el sistema de consejos ciudadanos. Y desde luego está hecha bajo la óptica del partido que ha gobernado a la ciudad los últimos 10 años.
El punto importante, y que me parece positivo de esta ley, es que establece distintas formas de participación ciudadana, con múltiples alcances, incluyendo la contraloría social, la obligación de la autoridad delegacional de sensibilizarse respecto a las necesidades de la población.
¿Pero de qué sirve todo ello si la ciudadanía no participa? ¿De qué sirve si sólo los perredistas participan cuando sus líderes los llaman? A eso me refiero cuando digo que han fallado. La consulta verde fue una vacilada, el plebiscito sobre los segundos pisos tenía el resultado conocido de antemano y el gobierno local manipuló la redacción de la pregunta a pesar de que habían sido los opositores quienes pidieron este plebiscito. Y en el caso del aborto, la Asamblea Legislativa se negó a utilizar los instrumentos de participación ciudadana, temieron que hubiera un rechazo a la legalización, jugaron parcialmente.
Yo no creo que la autoridad deba dejarse intimidar por una manifestación que representa una de muchas opiniones, pero tampoco creo que la autoridad deba negar o dar la espalda a esta y otras expresiones ciudadanas. A veces en la oposición a una obra puede haber algo que aportar aún cuando la obra se realice. Modificaciones tal vez, quizá menores afectaciones a los vecinos por la obra, incluso ajustes a la ruta. En toda expresión ciudadana la autoridad debe saber leer lo que la ciudadanía pide, y eso es lo que debe quedar plasmado en la Ley de Participación Ciudadana.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Las consultas ciudadanas

Muchos ciudadanos participan en consultas oficiales pensando que serán escuchados. A menudo estas consultas son manipuladas por la autoridad. Esto se debe al dilema que tienen los gobernantes de hacer lo que ya decidieron hacer, pero sin respaldo público, o dejar de hacerlo. El dilema se resuelve, lamentablemente, preparando consultas públicas a modo.
Aún así, como demócrata quiero pensar que sí es posible realizar consultas públicas en las que se empate el interés de la autoridad con el interés de la ciudadanía.
Si las consultas son abiertas, es decir, si la población puede expresar abiertamente sus ideas, se corren algunos de los siguientes riesgos:
1. Que la gente proponga lo que no es viable
2. Que la gente dedique toda su propuesta a quejarse
3. Que pidan trabajo o que les solucionen algún problema particular
4. Que hablen de otros temas y no los de la consulta pública
5. Que propongan lo que ya existe
6. Que propongen cosas incoherentes
7. Que le quieten el tiempo a los servidores públicos
Etcétera.
Estas razones son las que han llevado a más de un alto funcionario a hacer consultas pero subestimarlas de antemano.
Creo que hay que buscar la manera de que, sin acotar preguntas a un sí o no, sin llevar a la gente a opinar sobre lo que obviamente diría que no o que sí (¿desea usted que se construyan más líneas del metro? ¿aceptaría usted que subieran los impuestos?), y cuando las preguntas se salgan del contexto, entonces la autoridad debe esforzarse por entender lo que está expresando la gente. Proponer, por ejemplo, cosas que ya existen significa que la autoridad no está comunicando lo que hace adecuadamente; las peticiones de la gente, en vez de sus propuestas, o el planteamiento de los problemas antes que de las soluciones, reporta mucha información sobre el clamor ciudadano.
En el caso de la consulta verde que se realizó recién, las respuestas eran obvias. Para la autoridad lo único que importaba era el cheque en blanco que obtuvieron a raíz de la consulta.
Yo creo que hay que construir un mejor sistema de participación ciudadana, que permita la retroalimentación, sin que las políticas públicas sean sometidas a prácticas demagógicas, como las utilizadas en las consultas de Andrés López y Marcelo Ebrard.
En algunos casos, en los que la sociedad se polariza, como con el aborto o el segundo piso del Periférico, la sociedad debe salir fortalecida del debate social. Hasta el momento ello no ha ocurrido, así que de entrada deberíamos ponernos como meta que de cada tema que polarice deje un debate positivo y propositivo a nuestra sociedad, y no sólo el triunfo de unos sobre los otros.