lunes, 5 de octubre de 2009
Tengo un presentimiento ...
Antes de que comiencen a leer el artículo, si tienen tiempo les recomendaría ver el video que he colocado al inicio. Lo he visto una decena de veces este día y me sigue generando muchas emociones.
Chicago estaba compitiendo, frente a Río de Janeiro por la sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Ganó Río. De Chicago hemos oído muchas cosas a lo largo de nuestra vida: la mafia de los años de prohibición del alcohol en los Estados Unidos, una fuerte presencia afroamericana, mexicana y polaca, jazz de muy buena calidad, y en los últimos años, uno de los grandes éxitos estadounidenses de recuperación de la ciudad. Primero fue Nueva York, con Rudolph Giuliani y después Chicago con Richard Daley. En el caso de Daley fue clave la recuperación de lo que daría lugar al Milenium Park y la Avenida Michigan, justo donde se realizó, el martes 8 de septiembre, es decir, un día hábil, el video que he puesto.
En la primera línea, al centro, una chica de azul muy emocionada empieza a bailar sola. Los demás permanecen quietos y algunos la observan. En cuanto el ritmo de la canción se fortalece, la chica contagia poco a poco a los que la rodean y en segundos se van sumando y sumando hasta que se hace una enorme ola de miles de personas que se agachan dando la espalda al grupo. La única que sigue mirando al grupo es la chica de azul, luego todos se integran al ritmo, brincan sin levantar la cara y de pronto giran y la emoción llega a un clímax y acaba esta versión de la canción (la original es menos cursi, pues se refiere a una noche de relax, alcohol y ligue, con un video original en el que hay exceso y una que otra escena lésbica, que no es exceso, pero no estamos muy acostumbrados). Todos terminan marcando el número 1 con la mano, gritan y tratan de acercarse al escenario. Fue un éxito logrado por Black Eyed Peas y Oprah Winfrey. Seguramente la más grande coreografía de masas que se haya logrado. Puedo suponer, por algunos otros videos que busqué en Youtube, que hubo una preparación en los minutos previos, un guión muy sencillo para todos los asistentes, pero sobre todo una maravillosa disciplina. En minutos la gente se comprometió con un objetivo: hacer una gran coreografía con una canción que entra en esas recomendaciones de la automotivación y la superación: comenzar el día pensando en algo positivo, "tengo un presentimiento, que hoy será un gran día".
Mientras eso sucedía, la administración local que representa a más ciudadanos en todo el país, Iztapalapa, se debatía entre un bufón y una lidereza sin corona. Cerca de 2 millones de personas viven en Iztapalapa, hay varios municipios en el país que tienen más de un millón, pero ninguno, por sí solo, alcanza los casi 1.9 millones de habitantes de Iztapalapa. Un ridículo golpeador, que lo mismo lo encadenan, desnudan y pintarrajean para llamar la atención en las manifestaciones, que él mismo aparece en ropa interior en películas de quinta, posa con el torso desnudo y la panza desbordada junto a los campeones de fisiculturismo, y lo peor, que la gente sigue con emoción. Rafael Acosta "Juanito" se vende al mejor postor, eso ya está muy claro, en tres meses convirtieron a un militante fanatizado, en un simple títere, luego en el Forest Gump mexicano y luego en un millonario títere y un objeto de la prensa, que en unos meses pasará a un triste olvido, como otros de su nivel: Pancho Cachondo, Félix Salgado, Antonio Ríos Granados.
La política en México se vuelve cada día más asquerosa. Tan es así que para ahora que Juanito pase de moda, ya se está perfilando un sustituto: el "dipuhooligan", Cristian Vargas, a quien nuestros timoratos legisladores locales no se animaron a perseguir conforme a la ley. El ridículo diputado rompió una puerta de cristal en la Asamblea Legislativa y en vez de iniciar una averiguación previa en contra de él, el asunto termina ignorado bajo el escudo del fuero, esa herramienta que sólo tendría que servir para proteger las opiniones de los diputados, es un blindaje que los hace impunes. No sé si me habría atrevido de haber sido miembro de esta V Asamblea, desde luego, pero me parece que ya alguien tendría que subir a la tribuna y reclamar el desafuero del personaje y al encontrar una negativa desconocer la palabra "honorable" que precede al nombre de la institución, para posteriormente renunciar a ella. No merece llamarse honorable una institución que encubre delincuentes con un fuero del que no gozamos ni reclamamos los ciudadanos.
El personaje de Chicago es la chica de azul moviendo todo su cuerpo y contagiando a miles. El nuestro es uno que sale todos los días a trabajar "aunque sea de payaso".
Y en paralelo Brasil consolida un éxito como país a pesar de sus muchos pendientes. Un hombre de la izquierda, sin títulos profesionales, se transforma en un gran hombre de Estado que lleva a su país a la memoria de todo el orbe: Mundial de Futbol y Olimpiada con dos años de diferencia. El banderazo de Brasil en la ruta hacia las grandes ligas. Un banderazo que nosotros tuvimos entre 1968 y 1970, y que no pudimos aprovechar porque en vez de unirnos el sistema político colapsó, y cuando parecía levantarse en el 2000, llegó un gran imbécil que nos engañó a todos.
Este viernes se conmemoraron 41 años de la matanza planeada por Luís Echeverría -no tengo la menor duda-. Vandalismo y cada vez menos participación. El 2 de octubre ya no significa el clamor cívico por democracia, sino poco a poco se vuelve un símbolo de la izquierda frente a la derecha. La memoria del 2 de octubre no ayuda a unir. Refuerza la división. Y en el paradero del metro San Lázaro, en la zona de los autobuses del Gobierno del Distrito Federal, los RTP, generalmente los más secuestrados por los radicales de la marcha, leo: "este 2 de octubre no habrá servicio de RTP". El Estado de rodillas frente a la anarquía.
Si no revertimos esta tendencia, no esperemos mejor transporte, mejor economía, más seguridad, agua limpia, pues aunque los tengamos será difícil verlos. Para presentir que hoy será un buen día mínimo tendría que ser de día. Y tengo un presentimiento, pese a todo sí llegará ese día en que todos presintamos que sea un gran día y se nos contagie esa sensación uno a uno.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Cuando observe, no maneje
En este blog platiqué en varias ocasiones sobre el disfrute que me implicaba dejar de vez en vez el automóvil y tomar el transporte público. Me convertía en un observador y disfrutaba los momentos urbanos. La ciudad es muy diversa y tiene mucho que disfrutar a pie. Cada nuevo servicio de transporte que ha salido en esta ciudad lo he ido a probar. De hecho, he estado en casi todas las estaciones del metro y he utilizado la inmensa mayoría, es decir, caminado en sus alrededores, ocupado su servicio para llegar a algún punto específico y no sólo para realizar mi turismo metropolitano, que es algo que verdaderamente disfruto.
Obvio, ya utilicé varias rutas de autobuses expreso; los nuevos autobuses de Reforma, las dos líneas del Metrobús, el tren suburbano (me falta conocer las dos nuevas estaciones), el tren ligero y los trolebuses del Corredor Cero Inversiones (oficialmente conocido como Cero Emisiones).
El robo de mi auto hace 40 días trastocó todo mi disfrute. No es lo mismo tomar el transporte público de manera ocasional, con la voz interior recordándome que tengo la capacidad de elegir entre transporte público y automóvil, que de pronto ser un esclavo del transporte público. Obvio, en la rutina prefiero mi habitáculo privado, con mi música fuerte ... y si se puede la potencia de un 6 cilindros y la soberbia de una camioneta de tres filas. La otra alternativa es que las costumbres particulares de esta ciudad me hagan vivirla por los cinco sentidos. No hay iPod que logre aislarme lo suficiente del mundo como para no escuchar la música del microbús o de las mochilas de los vendedores de mp3, no puedo dejar de respirar el olor a fritangas por cualquier rincón de la urbe o el humo del cigarro de uno que otro microbusero o taxista. Como el canto de las sirenas, los sabores de esta ciudad tientan no sólo para cualquiera de las tres comidas, sino entre ellas. Hace unos días me sentí manoseado por una decena de adolescentes que llegaron gritando y bromeando a un vagón apretado del metro.
¿Podría sobrevivir sin automóvil en esta ciudad? De poder, podría, pero conforme pasan los días me siento más hastiado de una situación que dentro de todo es privilegiada: el seguro pagará y si bien no me compraré un vehículo de la categoría del que traía, podré satisfacer tanto mis aventuras urbanas como las que me traslucen otros mundos.
Vivo, sin embargo, lejos de estaciones del metro, Metrobús o trenes. La parada del camión más cómodo está a casi 10 minutos de la casa y éste puede tardar hasta media hora en pasar. Mis destinos se hallan del otro lado de la ciudad. A mediados de 2011 viviré a tan solo 3 kilómetros de una estación del metro: una caminata sin banquetas que me tomará no menos de media hora.
Soy mucho más observador, negocios por los que pasaba a diario ahora tienen nombre y fachada; los rostros son muy distintos, me sensibilizo. En los últimos tiempos he estado participando con un grupo de amigos interesados en cambiar esta ciudad y cuando hayan madurado las cosas estaremos haciendo propuestas como grupo ... sin embargo nos hace mucha falta sensibilizarnos, empaparnos más, vivir la ciudad desde otros zapatos.
Obvio, ya utilicé varias rutas de autobuses expreso; los nuevos autobuses de Reforma, las dos líneas del Metrobús, el tren suburbano (me falta conocer las dos nuevas estaciones), el tren ligero y los trolebuses del Corredor Cero Inversiones (oficialmente conocido como Cero Emisiones).
El robo de mi auto hace 40 días trastocó todo mi disfrute. No es lo mismo tomar el transporte público de manera ocasional, con la voz interior recordándome que tengo la capacidad de elegir entre transporte público y automóvil, que de pronto ser un esclavo del transporte público. Obvio, en la rutina prefiero mi habitáculo privado, con mi música fuerte ... y si se puede la potencia de un 6 cilindros y la soberbia de una camioneta de tres filas. La otra alternativa es que las costumbres particulares de esta ciudad me hagan vivirla por los cinco sentidos. No hay iPod que logre aislarme lo suficiente del mundo como para no escuchar la música del microbús o de las mochilas de los vendedores de mp3, no puedo dejar de respirar el olor a fritangas por cualquier rincón de la urbe o el humo del cigarro de uno que otro microbusero o taxista. Como el canto de las sirenas, los sabores de esta ciudad tientan no sólo para cualquiera de las tres comidas, sino entre ellas. Hace unos días me sentí manoseado por una decena de adolescentes que llegaron gritando y bromeando a un vagón apretado del metro.
¿Podría sobrevivir sin automóvil en esta ciudad? De poder, podría, pero conforme pasan los días me siento más hastiado de una situación que dentro de todo es privilegiada: el seguro pagará y si bien no me compraré un vehículo de la categoría del que traía, podré satisfacer tanto mis aventuras urbanas como las que me traslucen otros mundos.
Vivo, sin embargo, lejos de estaciones del metro, Metrobús o trenes. La parada del camión más cómodo está a casi 10 minutos de la casa y éste puede tardar hasta media hora en pasar. Mis destinos se hallan del otro lado de la ciudad. A mediados de 2011 viviré a tan solo 3 kilómetros de una estación del metro: una caminata sin banquetas que me tomará no menos de media hora.
Soy mucho más observador, negocios por los que pasaba a diario ahora tienen nombre y fachada; los rostros son muy distintos, me sensibilizo. En los últimos tiempos he estado participando con un grupo de amigos interesados en cambiar esta ciudad y cuando hayan madurado las cosas estaremos haciendo propuestas como grupo ... sin embargo nos hace mucha falta sensibilizarnos, empaparnos más, vivir la ciudad desde otros zapatos.
lunes, 21 de septiembre de 2009
La burocracia y los taxímetros
Para cualquiera de nosotros acudir a una oficina de licencias y control vehicular, a una oficina de la tesorería o a una agencia del ministerio público es una pesadilla que nadie quisiera enfrentar. En las últimas semanas, como consecuencia del "pequeño incidente" que narré en este blog, he tenido que visitar las tres.
Hasta donde escribí hace un mes, fue la primera visita al MInisterio Público. Para la ratificación me presenté de nuevo con quien me indicaron. Si estaba de buen humor o no, no se lo noté, yo puse mi mejor disposición y al revisar mis documentos la agente me dijo que mi Carta Factura era muy vieja y que debía pedirle a la concesionaria donde compré el vehículo que me expidiera una nueva. Vi el reloj y tomé una decisión rápida, ir a Tlalnepantla por el documento. Tomé el Metrobús hasta Buenavista y luego el tren suburbano hasta Tlane, caminé por los largos y resbalosos pasillos (algunas de las estaciones del metro más nuevas, así como todas las del tren suburbano, tienen el defecto de que por poner un piso para mucho tráfico éste es sumamente resbaloso para quienes no llevan zapato de goma) hasta el "sitio" de taxis que está en el exterior. Para un trayecto sumamente corto (entre dos y tres kilómetros) pagué algo así como 50 pesos, con base en una tarifa que el chofer jamás encontró en una lista enmicada. De regreso, ya con el documento en mano, el taxi se abarató a 40 pesos pero no hubo taxímetro. En la agencia del ministerio público pude ratificar mi denuncia una vez que la agente concluyó una importante y alegre plática de 15 minutos con sus compañeros de trabajo; el proceso fue muy rápido gracias a las mejoras en el sistema, debo reconocerlo. Una vez que firmé el documento y recibí mi copia simple pregunté si podía obtener una copia certificada. Me dijo que sí, pero que debía pagar las copias en la tesorería, sacar yo mismo las fotocopias y presentarme antes del 31 de agosto ¡porque iban a archivar el expediente! (me siento inocente al poner los signos de admiración, como si no tuviera claro que los robos no se investigan en esta ciudad). Así lo hice, y días después, sin que la agente cotejara con el original, engrapó, marcó y selló mis hojas, que de pronto se transformaron en "copia certificada".
El pago de las copias certificadas me llevó a la Tesorería. Cuando pregunté por el trámite me dijeron que debía llenar dos hojas iguales con mi nombre, dirección, teléfono, correo electrónico, número de averiguación previa, y otros datos innecesarios más. Me formé para que un empleado revisara mi formato e imprimiera un par de hojas adicionales que me servirían para realizar el pago. De nuevo tuve que formarme, pero esta vez ya en la caja. Delante de mí estaba un tipo con lentes de forma muy rara, pero sin cristal. Tuve la sensación de estar formado junto a un delincuente escondido detrás de unas extrañas gafas. Simple especulación. Pagué 20 pesos y salí de allí. El costo de mi trámite para la ciudad fue varias veces más elevado que los 20 pesos que dejé. El costo para mí fue también alto en tiempo, y hasta cierto punto en dinero, ya no pude tomar la combi hacia mi siguiente destino sino que la prisa me exigió taxi. Uno de los más amables que me han tocado este mes. Cobró con taxímetro.
Cumplido el mes del hecho denunciado, lo que procede es dar debaja las placas e iniciar el trámite en la aseguradora para que me paguen. ¿Cómo dar de baja las placas? Bien, hay que acudir a una oficina de Licencias y Control Vehicular, que existen en casi todas las delegaciones. La que me quedaba más cerca era una por Huipulco. Al llegar a ella me encontré con una cartulina, ya tirada en el suelo, que decía más o menos "nos cambiamos a Moneda esquina Cda. Carrasco". Caminé hacia Tlalpan, crucé por el puente peatonal y donde vi un sitio de taxis me acerqué a pedirle me llevara a esta oficina: "Allí no hay ninguna oficina de licencias" respondió, "sí señor, acabo de ir a la de aquí enfrente y me dicen que ahora está en Moneda y Carrasco", "pero Moneda y Carrasco no hacen esquina", "bueno, cerrada Carrasco", "oiga, pero nosotros aquí no trabajamos con taxímetro, la cuota mínima es 60 pesos". Molesto le dije "no gracias" y caminé en lo que decidía de qué manera irme, antes de 100 metros di con otro sitio de taxi "¿Es con taxímetro?" sí. Di la explicación sobre mi destino y me respondió el taxista "ah, Vivanco". Fueron 15 pesos.
En el módulo me presenté con los requisitos que decía la página de la Secretaría de Transportes y Vialidad:
El formato todavía tenía unos campos sin llenar, porque tenía dudas. De todo lo demás estaba listo. Al revisarme los documentos me preguntaron por la "factura de origen" por sólo traer la Carta Factura. Negué tenerla, pero me insistieron que era un requisito. También me preguntaron por el Repuve. Quéseso fue mi respuesta-pregunta con azoro. "Lo puede sacar en internet aquí en la papelería". "Sí ¿pero qué es?" "Entra a la página del Repuve y lo imprime". Ahora puedo explicar lo que es: en la página del REPUVE (www.repuve.gob.mx) uno introduce el número de placas y sale si tiene o no reporte de robo.
Me fui a la oficina, estuve trabajando un rato y haciendo llamadas para obtener la copia de mi factura. Un proceso que parecía imposible se concretó más rápido de lo que esperaba, a pesar de que en el banco me aseguraron que tardaría una semana. Fui a la oficina de licencias y control vehicular que me quedaba más cerca de allá, Miguel Hidalgo, pero me indicaron que ya no darían fichas sino hasta el lunes. Decidí ir de nuevo a "Vivanco". Gracias al Metrobús llegué antes de las 5 de la tarde. Cierran a las 6.
Había 3 personas antes de mí. Si atendían una cada 15 minutos, daba perfecto tiempo para completar mi trámite.
A las 5 en punto, cuando salen los empleados que entran más temprano, se cayó el sistema. "Si no llega antes de las 5:30 no los podremos atender". El jefe de la oficina de licencias parecía no darse cuenta de lo que pasaba en realidad, "lo lamento, se cayó el sistema" fue lo único que dijo. Los empleados que salían a las 5 se despidieron, pero el resto comenzó a preparase para marchar. Como a las 5:25 el jefe de la oficina anunció que revisarían que nuestros documentos estuvieran completos, y un empleado que no recordaba bien los requisitos se encargó de revolver los míos. En unos minutos los ordenaré y me iré a completar mi trámite.
Salí con una sonrisa en los labios. No haber manejado en un mes ha incrementado mi capacidad de sobrevivencia en esta ciudad. Sólo me preguntaba cómo hacer una solicitud de información para conocer las fallas en el sistema de las oficinas de licencias. Seguro que siempre los viernes se cae a las 5 de la tarde. Caminé al Centro de Tlalpan y en el sitio de taxis, ya escamado, pregunté "¿es con taxímetro?" "No, es por zonas, ¿a dónde va?".
Hasta donde escribí hace un mes, fue la primera visita al MInisterio Público. Para la ratificación me presenté de nuevo con quien me indicaron. Si estaba de buen humor o no, no se lo noté, yo puse mi mejor disposición y al revisar mis documentos la agente me dijo que mi Carta Factura era muy vieja y que debía pedirle a la concesionaria donde compré el vehículo que me expidiera una nueva. Vi el reloj y tomé una decisión rápida, ir a Tlalnepantla por el documento. Tomé el Metrobús hasta Buenavista y luego el tren suburbano hasta Tlane, caminé por los largos y resbalosos pasillos (algunas de las estaciones del metro más nuevas, así como todas las del tren suburbano, tienen el defecto de que por poner un piso para mucho tráfico éste es sumamente resbaloso para quienes no llevan zapato de goma) hasta el "sitio" de taxis que está en el exterior. Para un trayecto sumamente corto (entre dos y tres kilómetros) pagué algo así como 50 pesos, con base en una tarifa que el chofer jamás encontró en una lista enmicada. De regreso, ya con el documento en mano, el taxi se abarató a 40 pesos pero no hubo taxímetro. En la agencia del ministerio público pude ratificar mi denuncia una vez que la agente concluyó una importante y alegre plática de 15 minutos con sus compañeros de trabajo; el proceso fue muy rápido gracias a las mejoras en el sistema, debo reconocerlo. Una vez que firmé el documento y recibí mi copia simple pregunté si podía obtener una copia certificada. Me dijo que sí, pero que debía pagar las copias en la tesorería, sacar yo mismo las fotocopias y presentarme antes del 31 de agosto ¡porque iban a archivar el expediente! (me siento inocente al poner los signos de admiración, como si no tuviera claro que los robos no se investigan en esta ciudad). Así lo hice, y días después, sin que la agente cotejara con el original, engrapó, marcó y selló mis hojas, que de pronto se transformaron en "copia certificada".
El pago de las copias certificadas me llevó a la Tesorería. Cuando pregunté por el trámite me dijeron que debía llenar dos hojas iguales con mi nombre, dirección, teléfono, correo electrónico, número de averiguación previa, y otros datos innecesarios más. Me formé para que un empleado revisara mi formato e imprimiera un par de hojas adicionales que me servirían para realizar el pago. De nuevo tuve que formarme, pero esta vez ya en la caja. Delante de mí estaba un tipo con lentes de forma muy rara, pero sin cristal. Tuve la sensación de estar formado junto a un delincuente escondido detrás de unas extrañas gafas. Simple especulación. Pagué 20 pesos y salí de allí. El costo de mi trámite para la ciudad fue varias veces más elevado que los 20 pesos que dejé. El costo para mí fue también alto en tiempo, y hasta cierto punto en dinero, ya no pude tomar la combi hacia mi siguiente destino sino que la prisa me exigió taxi. Uno de los más amables que me han tocado este mes. Cobró con taxímetro.
Cumplido el mes del hecho denunciado, lo que procede es dar debaja las placas e iniciar el trámite en la aseguradora para que me paguen. ¿Cómo dar de baja las placas? Bien, hay que acudir a una oficina de Licencias y Control Vehicular, que existen en casi todas las delegaciones. La que me quedaba más cerca era una por Huipulco. Al llegar a ella me encontré con una cartulina, ya tirada en el suelo, que decía más o menos "nos cambiamos a Moneda esquina Cda. Carrasco". Caminé hacia Tlalpan, crucé por el puente peatonal y donde vi un sitio de taxis me acerqué a pedirle me llevara a esta oficina: "Allí no hay ninguna oficina de licencias" respondió, "sí señor, acabo de ir a la de aquí enfrente y me dicen que ahora está en Moneda y Carrasco", "pero Moneda y Carrasco no hacen esquina", "bueno, cerrada Carrasco", "oiga, pero nosotros aquí no trabajamos con taxímetro, la cuota mínima es 60 pesos". Molesto le dije "no gracias" y caminé en lo que decidía de qué manera irme, antes de 100 metros di con otro sitio de taxi "¿Es con taxímetro?" sí. Di la explicación sobre mi destino y me respondió el taxista "ah, Vivanco". Fueron 15 pesos.
En el módulo me presenté con los requisitos que decía la página de la Secretaría de Transportes y Vialidad:
Original y dos copias simples de los siguientes documentos:
1.- Solicitud;
2.- Factura o carta factura vigente;
3.- Identificación oficial, tales como: credencial para votar con fotografía, cartilla militar, pasaporte, licencia de conducir, cédula profesional o credencial oficial expedida por la autoridad competente;
4 .- Comprobante de domicilio vigente, tales como: Constancia de residencia expedida por la Delegación, credencial para votar con fotografía, recibos emitidos por la Tesorería del D.F. y documentos bancarios;
5.- Pago de tenencia del ejercicio fiscal en curso y cuatro anteriores (en el caso de vehículos y motocicletas) o pago de refrendo para vigencia anual en el caso de remolques;
6.- Tarjeta de circulación y/o Placas de matrícula;
7.- Comprobante del Pago de derechos en caso de que la baja sea a consecuencia del robo del vehículo y lo acredite con el acta correspondiente, estará exento de este requisito.
En su caso:
8.- Acta de denuncia de robo ante el Ministerio Público.
9.- Manifestación bajo protesta de decir verdad en el caso de extravío de las placas y/o tarjeta de circulación;
10.- Acta constitutiva de la empresa para personas morales o Cédula Fiscal de la empresa;
11.- Carta poder e identificación del propietario y de quien realiza el trámite;
12.- Identificación del representante legal
13.- Autorización de Baja para vehículos que proceden de otra Entidad Federativa.
El formato todavía tenía unos campos sin llenar, porque tenía dudas. De todo lo demás estaba listo. Al revisarme los documentos me preguntaron por la "factura de origen" por sólo traer la Carta Factura. Negué tenerla, pero me insistieron que era un requisito. También me preguntaron por el Repuve. Quéseso fue mi respuesta-pregunta con azoro. "Lo puede sacar en internet aquí en la papelería". "Sí ¿pero qué es?" "Entra a la página del Repuve y lo imprime". Ahora puedo explicar lo que es: en la página del REPUVE (www.repuve.gob.mx) uno introduce el número de placas y sale si tiene o no reporte de robo.
Me fui a la oficina, estuve trabajando un rato y haciendo llamadas para obtener la copia de mi factura. Un proceso que parecía imposible se concretó más rápido de lo que esperaba, a pesar de que en el banco me aseguraron que tardaría una semana. Fui a la oficina de licencias y control vehicular que me quedaba más cerca de allá, Miguel Hidalgo, pero me indicaron que ya no darían fichas sino hasta el lunes. Decidí ir de nuevo a "Vivanco". Gracias al Metrobús llegué antes de las 5 de la tarde. Cierran a las 6.
Había 3 personas antes de mí. Si atendían una cada 15 minutos, daba perfecto tiempo para completar mi trámite.
A las 5 en punto, cuando salen los empleados que entran más temprano, se cayó el sistema. "Si no llega antes de las 5:30 no los podremos atender". El jefe de la oficina de licencias parecía no darse cuenta de lo que pasaba en realidad, "lo lamento, se cayó el sistema" fue lo único que dijo. Los empleados que salían a las 5 se despidieron, pero el resto comenzó a preparase para marchar. Como a las 5:25 el jefe de la oficina anunció que revisarían que nuestros documentos estuvieran completos, y un empleado que no recordaba bien los requisitos se encargó de revolver los míos. En unos minutos los ordenaré y me iré a completar mi trámite.
Salí con una sonrisa en los labios. No haber manejado en un mes ha incrementado mi capacidad de sobrevivencia en esta ciudad. Sólo me preguntaba cómo hacer una solicitud de información para conocer las fallas en el sistema de las oficinas de licencias. Seguro que siempre los viernes se cae a las 5 de la tarde. Caminé al Centro de Tlalpan y en el sitio de taxis, ya escamado, pregunté "¿es con taxímetro?" "No, es por zonas, ¿a dónde va?".
lunes, 14 de septiembre de 2009
Las inundaciones en el lago
Esta ciudad fue construida en un lago, se le desecó y año con año tenemos catástrofes con las lluvias. Hay años peores. Este año de sequía de pronto tenemos lluvias torrenciales que no sólo inundan las zonas más bajas, sino que inyectan excesiva presión a los drenajes. Ya se nos ha roto muchas veces el canal de la compañía. Recién se rompió un emisor, es decir, uno de los tubos más importantes del desagüe, porque un emisor saca de la ciudad las aguas, luego de que los interceptores, colectores y drenajes simples fueron capturando aguas por toda la ciudad.
Las imágenes impactantes de las estaciones más orientales de la línea 5 del metro nos dicen mucho. El agua alcanzaba los andenes, que están más o menos un metro arriba de las vías.
¿Qué debe hacer esta ciudad?
En sí las obras mayores se están haciendo. Se habían venido cuidando instalaciones como el drenaje profundo, los emisores central y poniente, así como el Canal Nacional. Además se está construyendo un emisor oriente. Lo que yo veo me dice que tanto a nivel Distrito Federal y Estado de México como la Comisión Nacional del Agua han venido haciendo lo correcto en términos generales.
El problema, me parece, es más en términos específicos. Si el emisor poniente se rompió por la presión en Tlalnepantla, ese punto necesitará obras específicas que reduzcan la presión en caso de una gran avenida. En distintos puntos de la ciudad se tienen "vasos reguladores" o "lagunas de regulación" que se aprovechan sólo cuando hay lluvias intensas, para evitar que la fuerza de gravedad (mientras más importante sea una pieza del drenaje más profunda es y por lo tanto más presión recibe de las partes altas). Por ejemplo, presas como Anzaldo, San Joaquín, el Vaso Regulador San Lucas, la Laguna de Regulación Horaria, el Vaso Regulador El Cristo, entre otras, se llenan en época de lluvias con las aguas que vienen de las partes altas, sus presas o cortinas detienen el agua y la van administrando al drenaje una vez que pasa la lluvia. No lo hacen mientras los ductos de aguas abajo vienen llenos, abren las cortinas cuando el drenaje pierde presión. En sequía pueden estar completamente vacías. Es posible que lo que ocurrió en Valle Dorado se debiera a una mala decisión en el manejo de las presas, pero también es probable que el emisor requiera un punto en el que se libere presión.
Lamentablemente muchos de los terrenos que debieron ser utilizados como vasos reguladores fueron utilizados para vivienda. Es el caso de la colonia Ejército de Oriente y también de una parte contigua al pueblo de Santa María Aztahuacan. No debieron urbanizarse pero por presiones o intereses lo hicieron.
Lo que hay que construir entonces es la vía para evitar nuevas inundaciones y para remediar más rápido las que ocurran. En distintas ocasiones se han hecho propuestas para recuperar viejos canales de la ciudad. Jorge Legorreta ha propuesto un canal de la Suprema Corte de Justicia a Xochimilco. La ciudad debe realizar obras hidráulicas que reduzcan los riesgos en las zonas que año con año se inundan, y sería una oportunidad hacer obras recreativas de la mano de las obras hidráulicas. Si tomamos las aguas pluviales en los puntos de mayor riesgo y las canalizamos a reservorios, canales, lagunas artificiales, etc. en las que se pueda tener actividades recreativas, la ciudad tendrá mayor capacidad para enfrentar problemas como las inundaciones de esta semana.
El lago de Texcoco puede actuar, en su momento, como una gran reserva de aguas pluviales en caso de emergencia. Pero mi propuesta es que cerca de los puntos de mayor riesgo se tenga una capacidad de recepción de aguas que además sirva para actividades recreativas. Ya en este blog he propuesto convertir el Viaducto Piedad en un gran parque lineal, con un canal de aguas pluviales de al menos 8 kilómetros, desde la Ciudad Deportiva hasta Insurgentes, bajo el cual se tenga una renovada avenida subterránea con mayor capacidad que el Viaducto. Es en esa dirección donde creo que debemos caminar: revisar los puntos de riesgo y desarrollar una mayor capacidad para contener las aguas, a través de instalaciones que puedan ser recreativas (lo cual implica separar el drenaje común del pluvial al menos donde haya mayor riesgo).
Las imágenes impactantes de las estaciones más orientales de la línea 5 del metro nos dicen mucho. El agua alcanzaba los andenes, que están más o menos un metro arriba de las vías.
¿Qué debe hacer esta ciudad?
En sí las obras mayores se están haciendo. Se habían venido cuidando instalaciones como el drenaje profundo, los emisores central y poniente, así como el Canal Nacional. Además se está construyendo un emisor oriente. Lo que yo veo me dice que tanto a nivel Distrito Federal y Estado de México como la Comisión Nacional del Agua han venido haciendo lo correcto en términos generales.
El problema, me parece, es más en términos específicos. Si el emisor poniente se rompió por la presión en Tlalnepantla, ese punto necesitará obras específicas que reduzcan la presión en caso de una gran avenida. En distintos puntos de la ciudad se tienen "vasos reguladores" o "lagunas de regulación" que se aprovechan sólo cuando hay lluvias intensas, para evitar que la fuerza de gravedad (mientras más importante sea una pieza del drenaje más profunda es y por lo tanto más presión recibe de las partes altas). Por ejemplo, presas como Anzaldo, San Joaquín, el Vaso Regulador San Lucas, la Laguna de Regulación Horaria, el Vaso Regulador El Cristo, entre otras, se llenan en época de lluvias con las aguas que vienen de las partes altas, sus presas o cortinas detienen el agua y la van administrando al drenaje una vez que pasa la lluvia. No lo hacen mientras los ductos de aguas abajo vienen llenos, abren las cortinas cuando el drenaje pierde presión. En sequía pueden estar completamente vacías. Es posible que lo que ocurrió en Valle Dorado se debiera a una mala decisión en el manejo de las presas, pero también es probable que el emisor requiera un punto en el que se libere presión.
Lamentablemente muchos de los terrenos que debieron ser utilizados como vasos reguladores fueron utilizados para vivienda. Es el caso de la colonia Ejército de Oriente y también de una parte contigua al pueblo de Santa María Aztahuacan. No debieron urbanizarse pero por presiones o intereses lo hicieron.
Lo que hay que construir entonces es la vía para evitar nuevas inundaciones y para remediar más rápido las que ocurran. En distintas ocasiones se han hecho propuestas para recuperar viejos canales de la ciudad. Jorge Legorreta ha propuesto un canal de la Suprema Corte de Justicia a Xochimilco. La ciudad debe realizar obras hidráulicas que reduzcan los riesgos en las zonas que año con año se inundan, y sería una oportunidad hacer obras recreativas de la mano de las obras hidráulicas. Si tomamos las aguas pluviales en los puntos de mayor riesgo y las canalizamos a reservorios, canales, lagunas artificiales, etc. en las que se pueda tener actividades recreativas, la ciudad tendrá mayor capacidad para enfrentar problemas como las inundaciones de esta semana.
El lago de Texcoco puede actuar, en su momento, como una gran reserva de aguas pluviales en caso de emergencia. Pero mi propuesta es que cerca de los puntos de mayor riesgo se tenga una capacidad de recepción de aguas que además sirva para actividades recreativas. Ya en este blog he propuesto convertir el Viaducto Piedad en un gran parque lineal, con un canal de aguas pluviales de al menos 8 kilómetros, desde la Ciudad Deportiva hasta Insurgentes, bajo el cual se tenga una renovada avenida subterránea con mayor capacidad que el Viaducto. Es en esa dirección donde creo que debemos caminar: revisar los puntos de riesgo y desarrollar una mayor capacidad para contener las aguas, a través de instalaciones que puedan ser recreativas (lo cual implica separar el drenaje común del pluvial al menos donde haya mayor riesgo).
lunes, 7 de septiembre de 2009
Los artistas urbanos
Entra en un vagón del metro un hombre y comienza a cantar, sin música de fondo. Su canto da lástima. Ese es tal vez el objetivo. Condolernos y entregar alguna moneda. Simple sobrevivencia.
En las afueras de los restaurantes con terraza ocurre lo mismo. Se acerca un cantante tras otro, unos buenos y otros muy malos. Siempre hay quien les da.
Las estatuas humanas se han puesto de moda. Hay quienes se maquillan muy bien y quienes se maquillan muy mal. ¿Hay que darles una moneda por el solo hecho de que se paren allí, de que toquen un instrumento, de que canten desafinados o afinados?
Hay ciudades, sin embargo, en donde quienes tocan, actúan o bailan en la vía pública o en el metro, quienes cantan cerca de los restaurantes y bares al aire libre, quienes hacen de estatuas humanas se esmeran y no acuden a dar lástima, sino que realmente dan un espectáculo que genere placer.
Uno puede entender la necesidad de sobrevivencia de esas personas, pero sin duda no es esa la ruta de la superación de su pobreza. Seguro son cientos o miles de personas las que viven de dar lástima. Tragan fuego, se ponen una máscara de Carlos Salinas y unos globos y se consideran merecedores de unas monedas. Son merecedores de vida, de desarrollo, de justicia social, de oportunidades ... pero no de unas monedas.
Estado y sociedad deben trabajar en varios sentidos y esencialmente dos vertientes:
1. Fortalecer el espacio público con los artistas urbanos.
2. Superar la pobreza.
La parte de fortalecer el espacio público se puede lograr con muchas ideas, con el involucramiento de artistas urbanos que ya existen, que hacen cosas de calidad en sus colonias, por su cuenta o a través de casas de la cultura, de iglesias, de colectivos culturales, etc.
Las estaciones del metro podrían ser foros abiertos, además de las plazas públicas (algo de eso sucede ya, pero podríamos sistematizarlo en zonas distintas al centro de la ciudad o Coyoacan, que es donde más sucede), cuando el espacio así lo permita, para difundir el talento de estos artistas urbanos y estimular el esfuerzo. Hay quienes sin duda nacen con talento pero no lo desarrollan por no ser adecuadamente conducidos pero también por no tener el incentivo para la disciplina. Se trata de poner a los artistas urbanos donde pasa la gente y permitirles no sólo tocar sino recibir aportaciones voluntarias, como los que hoy invocan a la lástima más que al gusto cuando cantan en los vagones. Es decir, hablo de mejorar la calidad y fomentar que todos estemos mejor y que el dar una moneda sea más por gusto que por compasión.
El tema de la pobreza es mucho más complejo, pero me parece que quienes para sobrevivir acuden pidiendo limosna o cantando tristemente una canción, mostrando su pobreza o sus discapacidades, además de que no resuelven su condición de pobreza, se meten ellos y sus vástagos en un círculo vicioso del que no podrán salir. Estirar la mano y recibir un premio (una moneda) es mejor que esforzarse y recibir un castigo (no hay vacantes), cuando justo el esfuerzo tendría que ser recompensado y la mendicidad superada.
No digo que se prohiba que una persona se pare en un vagón del metro, cante y pida dinero. Lo que propongo es que quienes lo hagan encuentren oportunidades que pronto los saquen de ahí, es decir, que los programas sociales lleguen hasta ellos, los inviten a capacitarse (si tienen talento, en eso mismo; y si no, en algo que sí le sirva a la sociedad) y que los hagan sentirse y ser útiles a la sociedad. Hagamos de ese momento de lástima la transformación al momento desarrollo de la persona.
En las afueras de los restaurantes con terraza ocurre lo mismo. Se acerca un cantante tras otro, unos buenos y otros muy malos. Siempre hay quien les da.
Las estatuas humanas se han puesto de moda. Hay quienes se maquillan muy bien y quienes se maquillan muy mal. ¿Hay que darles una moneda por el solo hecho de que se paren allí, de que toquen un instrumento, de que canten desafinados o afinados?
Hay ciudades, sin embargo, en donde quienes tocan, actúan o bailan en la vía pública o en el metro, quienes cantan cerca de los restaurantes y bares al aire libre, quienes hacen de estatuas humanas se esmeran y no acuden a dar lástima, sino que realmente dan un espectáculo que genere placer.
Uno puede entender la necesidad de sobrevivencia de esas personas, pero sin duda no es esa la ruta de la superación de su pobreza. Seguro son cientos o miles de personas las que viven de dar lástima. Tragan fuego, se ponen una máscara de Carlos Salinas y unos globos y se consideran merecedores de unas monedas. Son merecedores de vida, de desarrollo, de justicia social, de oportunidades ... pero no de unas monedas.
Estado y sociedad deben trabajar en varios sentidos y esencialmente dos vertientes:
1. Fortalecer el espacio público con los artistas urbanos.
2. Superar la pobreza.
La parte de fortalecer el espacio público se puede lograr con muchas ideas, con el involucramiento de artistas urbanos que ya existen, que hacen cosas de calidad en sus colonias, por su cuenta o a través de casas de la cultura, de iglesias, de colectivos culturales, etc.
Las estaciones del metro podrían ser foros abiertos, además de las plazas públicas (algo de eso sucede ya, pero podríamos sistematizarlo en zonas distintas al centro de la ciudad o Coyoacan, que es donde más sucede), cuando el espacio así lo permita, para difundir el talento de estos artistas urbanos y estimular el esfuerzo. Hay quienes sin duda nacen con talento pero no lo desarrollan por no ser adecuadamente conducidos pero también por no tener el incentivo para la disciplina. Se trata de poner a los artistas urbanos donde pasa la gente y permitirles no sólo tocar sino recibir aportaciones voluntarias, como los que hoy invocan a la lástima más que al gusto cuando cantan en los vagones. Es decir, hablo de mejorar la calidad y fomentar que todos estemos mejor y que el dar una moneda sea más por gusto que por compasión.
El tema de la pobreza es mucho más complejo, pero me parece que quienes para sobrevivir acuden pidiendo limosna o cantando tristemente una canción, mostrando su pobreza o sus discapacidades, además de que no resuelven su condición de pobreza, se meten ellos y sus vástagos en un círculo vicioso del que no podrán salir. Estirar la mano y recibir un premio (una moneda) es mejor que esforzarse y recibir un castigo (no hay vacantes), cuando justo el esfuerzo tendría que ser recompensado y la mendicidad superada.
No digo que se prohiba que una persona se pare en un vagón del metro, cante y pida dinero. Lo que propongo es que quienes lo hagan encuentren oportunidades que pronto los saquen de ahí, es decir, que los programas sociales lleguen hasta ellos, los inviten a capacitarse (si tienen talento, en eso mismo; y si no, en algo que sí le sirva a la sociedad) y que los hagan sentirse y ser útiles a la sociedad. Hagamos de ese momento de lástima la transformación al momento desarrollo de la persona.
lunes, 31 de agosto de 2009
Vacaciones
Me he tomado una semana de descanso. Nos vemos el otro lunes. Gracias por vistar Megablógolis.
lunes, 24 de agosto de 2009
¿Quién se ha llevado mi VaKA?
El pasado lunes acudí a una cena en Polanco. Al salir de allí uno de los asistentes a la misma dijo que pediría un taxi, por lo que le pregunté a dónde iba y dijo que a la Condesa. "Yo te llevo" dije sin dudarlo pues me quedaba de paso. Una vez que arribamos al destino, comentamos algunas cosas al interior de mi auto y no más de 3 minutos después llegó un vehículo compacto con dos personas, del cual descendió el pasajero con un arma y ordenó entregarle el vehículo. En una desafortunada coincidencia, computadora portátil y más efectivo del que suelo traer acompañaron a mi auto. También una decena de libros "Un proyecto alternativo de ciudad", de mi autoría, por supuesto.

No escribo esto para alarmarlos ni para contribuir a un ambiente de temor que, estoy convencido, es el peor aliado que podemos tener en esta ciudad. De lo que quiero hablar, y de allí que parafrasee el título de un "clásico" de los libros de automotivación, es de cómo esta ciudad no está funcionando bien y cómo sobrevivir pese a ello. Hay que ser fríos.
Lo primero que hice fue marcar el 55335533 para que la policía tratara de localizar el vehículo. Al marcar me encontré con un amplio interrogatorio sobre las circunstancias, lo que se habían robado, cómo estaba yo, y al final los datos básicos: placas del vehículo y características. Digamos que si tardé 2 minutos en marcar, la policía prefirió perder los siguientes 5 minutos en preguntas estúpidas. Solución: si alguien reporta un robo, los datos se tienen que estar radiando de inmediato a unidades de reacción justo en el orden que sean más útiles, no más inútiles como hoy día.
Posteriormente, una vez que enfrenté el viacrucis de recoger el duplicado de las llaves de mi casa, ir a mi casa por una identificación y acudir al Ministerio Público, pude constatar -una vez más, por supuesto, pues esta ciudad ofrece muchas oportunidades para que eso suceda-, que todo está hecho para que la delincuencia no disminuya. Varios empleados dormidos (con turnos de 24 horas quién no se va a dormir), poca disponibilidad para modificar sus procedimientos (pedí expresamente al agente del ministerio público que por ese acto quedara ratificada mi denuncia, pero obligadamente citan al ciudadano a ratificar porque así justifican su trabajo, no porque sea necesario si no se aportan elementos adicionales), y un gran absurdo. Mis datos quedaron reservados y en sobre cerrado, como es ahora el sistema, que permite solicitar dicha reserva de datos; no obstante, al momento de pasar a la Policía Judicial para darles los datos del vehículo para ayudar a su localización (¿no es un poco absurdo, si los di primero por teléfono y luego en mi declaración miniserial?) fue donde encontré más empleados dormidos y, conforme al sistema, me solicitaron mis datos personales, por lo que reclamé que ya estaban en un sobre cerrado. "El sistema los pide". Los ciudadanos, de nuevo, quedamos indefensos.
Para "asegurar la confidencialidad", por cierto, el agente del ministerio público me dio una hoja con los datos de mi averiguación previa, un número telefónico y un "NIP" con los que debo dar seguimiento a la búsqueda de mi auto. Ese número telefónico es el 53458000. Por favor, hagan la lucha, les aseguro que nadie contestará. Es imposible que dé seguimiento a mi robo de esta manera.
Ya al amanecer, a eso de las 5:15, salí de la Agencia que está en Álvaro Obregón y Valladolid. Iba acompañado del amigo que iba yo a dejar en su casa cuando el asalto. Estábamos muy cerca del lugar, en Campeche, en la hipódromo. Él quería tomar un taxi. Le sugerí que camináramos. Para mí era la mejor terapia: nada como llegar caminando, de noche, a la misma calle donde se ponen los trasvestis y donde fuiste asaltado 4 horas antes; mi intención fue no dejar que el temor me colmara. De hecho, en ningún momento sentí temor o nervios. Sensación extraña. Depresión horas más tarde, pero no muy prolongada aunque sí profunda. Lo dejé en su casa y caminé hacia la esquina de los trasvestis, doblé y minutos después entré al metro Chilpancingo. Para cuando salió el sol ya estaba en casa, esperando al ajustador del seguro.
Entre la agencia del Ministerio Público y la casa de mi amigo pasamos por un edificio muy bien vigilado en Avenida México y Sonora. Exacto, tres patrullas frente al edificio donde vive Marcelo Ebrard. Sin comentarios.
Repasé un listado de lo que debía reponer:
1. Mi licencia de manejo. Lo logré en un trámite sencillísimo y colmado de amabilidad, en las oficinas de la Secretaría de Transportes y Vialidad. Yo había ido al Ministerio Público a que me certificaran la copia del acta de mi averiguación previa, a un lado de las oficinas de STV, y decidí preguntar los requisitos para recuperar mi licencia permanente. Comprobante de domicilio e identificación en copias, y pago de 628 pesos. Los llevaba en la mano sin haberlos preparado. En la fotocopiadora, en el banco y en el trámite coincidí con Fabiruchis ... viejo conocido de esas oficinas de la STV según me confiaron.
2. Mi teléfono celular. Fui a Telcel y me dijeron que debía ir a Inbursa con tres documentos: copia del acta del MP, factura del teléfono y último recibo de Telcel. Llamé por teléfono para corroborar los datos y saber a dónde acudir y me dijeron que en cualquier oficina de Seguros Inbursa me tramitarían un vale. Llegué a la oficina que está en Colima y me encontré: que no abren a las 8:30 como dice la página de internet, que necesitaba más papeles, incluida una carta, el adendum de mi contrato y el número de reporte de robo de Telcel, y que tardan 8 días en hacer el trámite a no ser que fuera a Plaza Cuicuilco, donde fui y me encontré con un empleado muy amable que me solucionó las cosas en 5 minutos. Dos horas después estaba estrenando teléfono.
3. La credencial de mi trabajo. Me la repusieron de inmediato.
4. La credencial de la UNAM. Aún debo llevar una fotografía tamaño infantil a color, que no me he tomado.
5. La credencial del IFAL. Murió por la patria. De momento no estoy tomando clases de francés aunque pretendo reanudar.
6. La credencial de gastos médicos mayores. Mierlife no me ha mandado una credencial en los últimos 3 años, así que es tiempo de marcarles a ver si ya me sueltan mis deducibles y mi credencial.
7. Mis tarjetas del metro y el metrobús. Ya lo hice.
8. Mis tarjetas de débito y crédito. Los bancos son un poco lentos. Quizá a fines de la próxima semana.
9. Mi computadora portátil. Esperaré a las ofertas de fin de año. Será Mac ... hasta la vista, Bill!
10. Mi vehículo. No será antes del 18 de septiembre, a no ser que aparezca. Veremos para qué me alcanza.
Si la vida te da limones, haz limonada. Me siento incómodo, pero la mejor estrategia de sobrevivencia es saber adaptarse a las circunstancias en el menor tiempo posible. Si alguien vio la película de "Viólame", luego de la violación a dos chicas, una de ellas está destrozada y ni siquiera se puede vestir; la otra se pone la ropa con mucha frialdad, así que la más débil pregunta a la otra por qué está así, pues parece no estar sufriendo. La más fuerte responde: si sabes que se pueden robar tu auto, no vas a dejar nada de valor adentro.
No es, desde luego, fácil. Dormí dos horas cuando se fue el del seguro. Pero comenzaron las llamadas. Estuve deprimido dos horas. No puedo seguir así, me dije, y tomé la bicicleta, fui al IFE (esa credencial está en algún lugar de mi casa, pero igual la necesito) y me encontré con una cola enorme y un trámite lentísimo (volví el sábado, mejor, pero es una lástima cómo han complicado un trámite tan fácil); fui al banco y luego a comprar una nueva cerradura, que a mi regreso yo mismo instalé. Hacia la tarde volví a dormir un rato. Al día siguiente estaba casi como si nada. Llegué un poco tarde al trabajo, el micro que va a Salto del Agua da demasiadas vueltas, ahora lo sé.
No me atrevo a señalar que la delincuencia esté creciendo en esta ciudad. Los números no son bajos pero tampoco los más altos del país. Suficientes para impactar y para hacernos sentir vulnerables. Pero una golondrina no hace verano. Supongamos que estos números bajaran 90% ... si mi caso está en el 10% que no se redujo yo tendría la tentación de pensar que cada vez está peor. No quiero hablar más del asunto. Está cerrado. Seguiré viviendo mi ciudad exactamente igual que el lunes antes del asalto.
Hay muchas cosas por hacer para mejorar la seguridad en la ciudad. Básicas. No se están haciendo. Ora que tengamos un buen gobierno así ocurrirá. Por favor confíen. Esto será como soplar a un rehilete en el que todos los colores, que representan opiniones diversas, se unan en torno a un blanco.
No escribo esto para alarmarlos ni para contribuir a un ambiente de temor que, estoy convencido, es el peor aliado que podemos tener en esta ciudad. De lo que quiero hablar, y de allí que parafrasee el título de un "clásico" de los libros de automotivación, es de cómo esta ciudad no está funcionando bien y cómo sobrevivir pese a ello. Hay que ser fríos.
Lo primero que hice fue marcar el 55335533 para que la policía tratara de localizar el vehículo. Al marcar me encontré con un amplio interrogatorio sobre las circunstancias, lo que se habían robado, cómo estaba yo, y al final los datos básicos: placas del vehículo y características. Digamos que si tardé 2 minutos en marcar, la policía prefirió perder los siguientes 5 minutos en preguntas estúpidas. Solución: si alguien reporta un robo, los datos se tienen que estar radiando de inmediato a unidades de reacción justo en el orden que sean más útiles, no más inútiles como hoy día.
Posteriormente, una vez que enfrenté el viacrucis de recoger el duplicado de las llaves de mi casa, ir a mi casa por una identificación y acudir al Ministerio Público, pude constatar -una vez más, por supuesto, pues esta ciudad ofrece muchas oportunidades para que eso suceda-, que todo está hecho para que la delincuencia no disminuya. Varios empleados dormidos (con turnos de 24 horas quién no se va a dormir), poca disponibilidad para modificar sus procedimientos (pedí expresamente al agente del ministerio público que por ese acto quedara ratificada mi denuncia, pero obligadamente citan al ciudadano a ratificar porque así justifican su trabajo, no porque sea necesario si no se aportan elementos adicionales), y un gran absurdo. Mis datos quedaron reservados y en sobre cerrado, como es ahora el sistema, que permite solicitar dicha reserva de datos; no obstante, al momento de pasar a la Policía Judicial para darles los datos del vehículo para ayudar a su localización (¿no es un poco absurdo, si los di primero por teléfono y luego en mi declaración miniserial?) fue donde encontré más empleados dormidos y, conforme al sistema, me solicitaron mis datos personales, por lo que reclamé que ya estaban en un sobre cerrado. "El sistema los pide". Los ciudadanos, de nuevo, quedamos indefensos.
Para "asegurar la confidencialidad", por cierto, el agente del ministerio público me dio una hoja con los datos de mi averiguación previa, un número telefónico y un "NIP" con los que debo dar seguimiento a la búsqueda de mi auto. Ese número telefónico es el 53458000. Por favor, hagan la lucha, les aseguro que nadie contestará. Es imposible que dé seguimiento a mi robo de esta manera.
Ya al amanecer, a eso de las 5:15, salí de la Agencia que está en Álvaro Obregón y Valladolid. Iba acompañado del amigo que iba yo a dejar en su casa cuando el asalto. Estábamos muy cerca del lugar, en Campeche, en la hipódromo. Él quería tomar un taxi. Le sugerí que camináramos. Para mí era la mejor terapia: nada como llegar caminando, de noche, a la misma calle donde se ponen los trasvestis y donde fuiste asaltado 4 horas antes; mi intención fue no dejar que el temor me colmara. De hecho, en ningún momento sentí temor o nervios. Sensación extraña. Depresión horas más tarde, pero no muy prolongada aunque sí profunda. Lo dejé en su casa y caminé hacia la esquina de los trasvestis, doblé y minutos después entré al metro Chilpancingo. Para cuando salió el sol ya estaba en casa, esperando al ajustador del seguro.
Entre la agencia del Ministerio Público y la casa de mi amigo pasamos por un edificio muy bien vigilado en Avenida México y Sonora. Exacto, tres patrullas frente al edificio donde vive Marcelo Ebrard. Sin comentarios.
Repasé un listado de lo que debía reponer:
1. Mi licencia de manejo. Lo logré en un trámite sencillísimo y colmado de amabilidad, en las oficinas de la Secretaría de Transportes y Vialidad. Yo había ido al Ministerio Público a que me certificaran la copia del acta de mi averiguación previa, a un lado de las oficinas de STV, y decidí preguntar los requisitos para recuperar mi licencia permanente. Comprobante de domicilio e identificación en copias, y pago de 628 pesos. Los llevaba en la mano sin haberlos preparado. En la fotocopiadora, en el banco y en el trámite coincidí con Fabiruchis ... viejo conocido de esas oficinas de la STV según me confiaron.
2. Mi teléfono celular. Fui a Telcel y me dijeron que debía ir a Inbursa con tres documentos: copia del acta del MP, factura del teléfono y último recibo de Telcel. Llamé por teléfono para corroborar los datos y saber a dónde acudir y me dijeron que en cualquier oficina de Seguros Inbursa me tramitarían un vale. Llegué a la oficina que está en Colima y me encontré: que no abren a las 8:30 como dice la página de internet, que necesitaba más papeles, incluida una carta, el adendum de mi contrato y el número de reporte de robo de Telcel, y que tardan 8 días en hacer el trámite a no ser que fuera a Plaza Cuicuilco, donde fui y me encontré con un empleado muy amable que me solucionó las cosas en 5 minutos. Dos horas después estaba estrenando teléfono.
3. La credencial de mi trabajo. Me la repusieron de inmediato.
4. La credencial de la UNAM. Aún debo llevar una fotografía tamaño infantil a color, que no me he tomado.
5. La credencial del IFAL. Murió por la patria. De momento no estoy tomando clases de francés aunque pretendo reanudar.
6. La credencial de gastos médicos mayores. Mierlife no me ha mandado una credencial en los últimos 3 años, así que es tiempo de marcarles a ver si ya me sueltan mis deducibles y mi credencial.
7. Mis tarjetas del metro y el metrobús. Ya lo hice.
8. Mis tarjetas de débito y crédito. Los bancos son un poco lentos. Quizá a fines de la próxima semana.
9. Mi computadora portátil. Esperaré a las ofertas de fin de año. Será Mac ... hasta la vista, Bill!
10. Mi vehículo. No será antes del 18 de septiembre, a no ser que aparezca. Veremos para qué me alcanza.
Si la vida te da limones, haz limonada. Me siento incómodo, pero la mejor estrategia de sobrevivencia es saber adaptarse a las circunstancias en el menor tiempo posible. Si alguien vio la película de "Viólame", luego de la violación a dos chicas, una de ellas está destrozada y ni siquiera se puede vestir; la otra se pone la ropa con mucha frialdad, así que la más débil pregunta a la otra por qué está así, pues parece no estar sufriendo. La más fuerte responde: si sabes que se pueden robar tu auto, no vas a dejar nada de valor adentro.
No es, desde luego, fácil. Dormí dos horas cuando se fue el del seguro. Pero comenzaron las llamadas. Estuve deprimido dos horas. No puedo seguir así, me dije, y tomé la bicicleta, fui al IFE (esa credencial está en algún lugar de mi casa, pero igual la necesito) y me encontré con una cola enorme y un trámite lentísimo (volví el sábado, mejor, pero es una lástima cómo han complicado un trámite tan fácil); fui al banco y luego a comprar una nueva cerradura, que a mi regreso yo mismo instalé. Hacia la tarde volví a dormir un rato. Al día siguiente estaba casi como si nada. Llegué un poco tarde al trabajo, el micro que va a Salto del Agua da demasiadas vueltas, ahora lo sé.
No me atrevo a señalar que la delincuencia esté creciendo en esta ciudad. Los números no son bajos pero tampoco los más altos del país. Suficientes para impactar y para hacernos sentir vulnerables. Pero una golondrina no hace verano. Supongamos que estos números bajaran 90% ... si mi caso está en el 10% que no se redujo yo tendría la tentación de pensar que cada vez está peor. No quiero hablar más del asunto. Está cerrado. Seguiré viviendo mi ciudad exactamente igual que el lunes antes del asalto.
Hay muchas cosas por hacer para mejorar la seguridad en la ciudad. Básicas. No se están haciendo. Ora que tengamos un buen gobierno así ocurrirá. Por favor confíen. Esto será como soplar a un rehilete en el que todos los colores, que representan opiniones diversas, se unan en torno a un blanco.
lunes, 17 de agosto de 2009
Viviendo la ciudad de otra manera
Tengo auto. Eso me puede hacer más "inelástico" o más "elástico" todo depende de mí. Para quienes no estén relacionados con la terminología económica respecto a la "elasticidad", les puedo decir que cuando uno tiene muchas alternativas es "elástico" cuando uno no tiene alternativas y sí una necesidad es "inelástico".
He tenido estas últimas dos semanas y la semana próxima, flexibilidad en mis horarios. En otras palabras, estoy saliendo más temprano del trabajo la mayoría de los días. Ha habido lluvia pero he cuidado de no mojarme. Un viejo paraguas que nunca me ha fallado, me acompaña casi siempre. Viviendo lejos del trabajo las opciones para llegar se diversifican, salvo que no quiera bajarme del coche, pues no tendría elección más que para la ruta pero no para el medio.
Estas últimas dos semanas he tenido opción para el medio y la ruta. He utilizado casi todos los medios de transporte disponibles: metro, microbús, combi, autobús concesionado, autobús RTP, RTP en modalidades Expreso y Expreso Bicentenario, Trolebús del Corredor Cero Emisiones (Cero Inversiones, decimos), Metrobús, tren ligero, taxi. Me falta la bicicleta, el trolebús de otras rutas, los autobuses suburbanos y el tren suburbano, pero en general puedo decir que he usado de todo.
La Combi me parece un transporte del siglo pasado, lo mismo que el microbús. Puedo decir que me remonta a mis épocas de estudiante (nuevamente soy estudiante, pero del doctorado; pero mis otros grados, en efecto, los estudié el siglo pasado).
Algunas de las pruebas con el transporte público fueron desastrosas: 55 minutos de Bellas Artes a Tasqueña utilizando un trolebús sobre el Eje Central en hora pico. Otras han sido sorprendentes: la línea 2 del metro en general es muy buena alternativa después de las 7 de la noche cuando la demanda se desploma (no así en otras líneas que la demanda tarda más en desplomarse).
Me resulta incómodo salir de la casa y llegar a una estación del metro. Eso es lo que más me incomoda del trayecto. Si hubiera un mejor transporte (RTP lo es, contrario a lo que esperaba antes de esto) creo que utilizaría el transporte público casi diario.
Ya me tocó pelearme por 2.50 pesos en un taxi: de la oficina al metro cobran $20.00 aunque el taxímetro marque menos. La tarifa oficial es el taxímetro, que supone una ganancia inicial de $9.60 por "banderazo".
He tenido también largas caminatas (descubrí que los microbuses sobre Uruguay pasan hasta avanzada la mañana). Caminar esta ciudad significa vivir la ciudad. Hay la posibilidad de leer en el transporte, ver otras culturas y comportamientos. Uno encuentra disfruta la arquitectura de las zonas viejas, se encuentra con mensajes chuscos (¡a que sí puedes comer sólo una!):

En general, el decir "hoy no usaré el automóvil", si es por una decisión ajena a la voluntad del mecánico, es una gran experiencia. Uno crece porque tiene más alternativas. Claro, hay quienes por condiciones de pobreza o de ruta tienen pocas alternativas y para ellos necesitamos mejorar el transporte, pero también para los demás: un microbús con vidrios polarizados y lucesitas azules no son la mejor alternativa.
He tenido estas últimas dos semanas y la semana próxima, flexibilidad en mis horarios. En otras palabras, estoy saliendo más temprano del trabajo la mayoría de los días. Ha habido lluvia pero he cuidado de no mojarme. Un viejo paraguas que nunca me ha fallado, me acompaña casi siempre. Viviendo lejos del trabajo las opciones para llegar se diversifican, salvo que no quiera bajarme del coche, pues no tendría elección más que para la ruta pero no para el medio.
Estas últimas dos semanas he tenido opción para el medio y la ruta. He utilizado casi todos los medios de transporte disponibles: metro, microbús, combi, autobús concesionado, autobús RTP, RTP en modalidades Expreso y Expreso Bicentenario, Trolebús del Corredor Cero Emisiones (Cero Inversiones, decimos), Metrobús, tren ligero, taxi. Me falta la bicicleta, el trolebús de otras rutas, los autobuses suburbanos y el tren suburbano, pero en general puedo decir que he usado de todo.
La Combi me parece un transporte del siglo pasado, lo mismo que el microbús. Puedo decir que me remonta a mis épocas de estudiante (nuevamente soy estudiante, pero del doctorado; pero mis otros grados, en efecto, los estudié el siglo pasado).
Algunas de las pruebas con el transporte público fueron desastrosas: 55 minutos de Bellas Artes a Tasqueña utilizando un trolebús sobre el Eje Central en hora pico. Otras han sido sorprendentes: la línea 2 del metro en general es muy buena alternativa después de las 7 de la noche cuando la demanda se desploma (no así en otras líneas que la demanda tarda más en desplomarse).
Me resulta incómodo salir de la casa y llegar a una estación del metro. Eso es lo que más me incomoda del trayecto. Si hubiera un mejor transporte (RTP lo es, contrario a lo que esperaba antes de esto) creo que utilizaría el transporte público casi diario.
Ya me tocó pelearme por 2.50 pesos en un taxi: de la oficina al metro cobran $20.00 aunque el taxímetro marque menos. La tarifa oficial es el taxímetro, que supone una ganancia inicial de $9.60 por "banderazo".
He tenido también largas caminatas (descubrí que los microbuses sobre Uruguay pasan hasta avanzada la mañana). Caminar esta ciudad significa vivir la ciudad. Hay la posibilidad de leer en el transporte, ver otras culturas y comportamientos. Uno encuentra disfruta la arquitectura de las zonas viejas, se encuentra con mensajes chuscos (¡a que sí puedes comer sólo una!):

En general, el decir "hoy no usaré el automóvil", si es por una decisión ajena a la voluntad del mecánico, es una gran experiencia. Uno crece porque tiene más alternativas. Claro, hay quienes por condiciones de pobreza o de ruta tienen pocas alternativas y para ellos necesitamos mejorar el transporte, pero también para los demás: un microbús con vidrios polarizados y lucesitas azules no son la mejor alternativa.
lunes, 10 de agosto de 2009
Financiamiento del desarrollo
Podemos partir de mi experiencia personal, pero seguro no es muy distinta de la de los demás. El tema es la banca.
¿Tenemos en México una buena banca? La respuesta es, en definitiva, no.
He escuchado todo tipo de experiencias, algunas de las cuales, buscando la objetividad, podemos atribuir a que en paralelo a una mala banca también existe una mala cultura de pago. A la gente le suena raro que le puedan cobrar intereses sobre intereses. Ya hace unos años se dio una discusión que llegó hasta la Suprema Corte, en torno al "anatocismo", es decir, a cobrar intereses sobre los intereses. Un punto que sería sensible para muchos, yo puedo decir que por ahí no está el problema con los bancos. El problema está en las reglas claras y en la estrategia de los bancos. Las comisiones y los intereses son el tema sensible en el que muestran el poco interés en México: sólo por poner un ejemplo, HSBC recibió por concepto de intereses, 16,943 millones de pesos en el primer semestre del año, y pagó de intereses 6,256 millones, pero cobró de comisiones 5,524 millones. Es decir, lo que alguien pueda ganar de intereses en un banco como este (yo le llamo "El banco ladrón del mundo") se pulveriza con el pago de comisiones.
¿Con esta banca podemos financiar el desarrollo? Un gobierno local no tiene injerencia alguna en las reglas bajo las cuales opera la banca. Sin embargo, sí puede asociarse con privados para promover mecanismos financieros que favorezcan a la economía local y eso es lo que propongo.
Ya en alguna ocasión me había referido a la necesidad de contar con un banco de la ciudad. Mi propuesta ha evolucionado: contar con tres bancos locales que operen con una única red de sucursales, administradas por una empresa privada, pero con participación pública y orientada a varios objetivos:
1. Que los servicios financieros que requiera el gobierno se realicen en estos bancos.
2. Que el financiamiento que otorguen se enfoque al impulso productivo de la ciudad.
3. Que los habitantes de esta ciudad encuentren mejores condiciones de ahorro y crédito para el bien de la propia urbe.
La idea de que tres bancos operen bajo la misma red de sucursales es simple: hay empresas que cotizan varias marcas de seguros a la vez, entonces podríamos cotizar varios productos a la vez, y tomar la mejor elección. La banca actual está orientada a impedir la competencia: una vez que secuestran al cuentahabiente, éste queda atado a ellos. Si están en una sola sucursal, los tres bancos hacen sinergias, abaten costos y ofrecen competencia.
El resultado deberá ser expectacular: la gente huyendo de los tres grandes bancos (Banamex, Bancomer y HSBC), hoy controlados por extranjeros, y la cantidad de recursos disponibles (en vez de que se desvíen a las casas matrices de estos bancos, como ocurrió en los momentos de mayor inestabilidad del peso en el último año) se orientará al desarrollo de la ciudad de tres maneras: financiamiento productivo, compra de vivienda y consumo local.
La banca mexicana no sirve, no le sirve a la ciudad. México está creciendo mucho más lento que otros países del continente porque su banca no sólo no ayuda, estorba. Hay que inventar nuevas formas de financiar producción y servicios locales. Y no se trata de crear más burocracia: el gobierno local será socio de inversionistas, aportando rentabilidad del negocio (el simple hecho de garantizar el manejo del presupuesto del DF asegura un margen de ganancia).
La propuesta tiene que evaluarse mucho más, cuantificar el negocio, ver la estrategia para que, cobrando la menor cantidad de comisiones e intereses más accesibles, sea negocio (obvio, la operación electrónica será fundamental). Si a través de este banco se lograra consolidar una banca útil para el desarrollo, el gobierno terminaría deshaciéndose de sus acciones y sus asientos en el consejo de administración cuando hubiera garantías del compromiso de la banca local con el desarrollo.
En tanto tengamos una banca bastarda, será mejor que busquemos nuevas fórmulas para financiar el desarrollo. Con ellos no se cuenta, y por justicia debemos evitar que los bancos sigan saqueando al país, pero no bajo una estrategia populista como la de 1982, sino con participación del empresariado local. El DF tiene más población que todo Luxemburgo (18 veces más) y sin embargo Luxemburgo es una potencia finaciera a nivel internacional; el DF tiene más población que muchos paraísos fiscales. No será un paraíso fiscal, pero siendo una ciudad de servicios podría potenciar su banca y en el largo plazo atraer ingresos internacionales, nuestro objetivo es más bien de corto y mediano plazo: como ya dije, financiar el desarrollo en mejores condiciones que los voraces bancos seudomexicanos.
¿Tenemos en México una buena banca? La respuesta es, en definitiva, no.
He escuchado todo tipo de experiencias, algunas de las cuales, buscando la objetividad, podemos atribuir a que en paralelo a una mala banca también existe una mala cultura de pago. A la gente le suena raro que le puedan cobrar intereses sobre intereses. Ya hace unos años se dio una discusión que llegó hasta la Suprema Corte, en torno al "anatocismo", es decir, a cobrar intereses sobre los intereses. Un punto que sería sensible para muchos, yo puedo decir que por ahí no está el problema con los bancos. El problema está en las reglas claras y en la estrategia de los bancos. Las comisiones y los intereses son el tema sensible en el que muestran el poco interés en México: sólo por poner un ejemplo, HSBC recibió por concepto de intereses, 16,943 millones de pesos en el primer semestre del año, y pagó de intereses 6,256 millones, pero cobró de comisiones 5,524 millones. Es decir, lo que alguien pueda ganar de intereses en un banco como este (yo le llamo "El banco ladrón del mundo") se pulveriza con el pago de comisiones.
¿Con esta banca podemos financiar el desarrollo? Un gobierno local no tiene injerencia alguna en las reglas bajo las cuales opera la banca. Sin embargo, sí puede asociarse con privados para promover mecanismos financieros que favorezcan a la economía local y eso es lo que propongo.
Ya en alguna ocasión me había referido a la necesidad de contar con un banco de la ciudad. Mi propuesta ha evolucionado: contar con tres bancos locales que operen con una única red de sucursales, administradas por una empresa privada, pero con participación pública y orientada a varios objetivos:
1. Que los servicios financieros que requiera el gobierno se realicen en estos bancos.
2. Que el financiamiento que otorguen se enfoque al impulso productivo de la ciudad.
3. Que los habitantes de esta ciudad encuentren mejores condiciones de ahorro y crédito para el bien de la propia urbe.
La idea de que tres bancos operen bajo la misma red de sucursales es simple: hay empresas que cotizan varias marcas de seguros a la vez, entonces podríamos cotizar varios productos a la vez, y tomar la mejor elección. La banca actual está orientada a impedir la competencia: una vez que secuestran al cuentahabiente, éste queda atado a ellos. Si están en una sola sucursal, los tres bancos hacen sinergias, abaten costos y ofrecen competencia.
El resultado deberá ser expectacular: la gente huyendo de los tres grandes bancos (Banamex, Bancomer y HSBC), hoy controlados por extranjeros, y la cantidad de recursos disponibles (en vez de que se desvíen a las casas matrices de estos bancos, como ocurrió en los momentos de mayor inestabilidad del peso en el último año) se orientará al desarrollo de la ciudad de tres maneras: financiamiento productivo, compra de vivienda y consumo local.
La banca mexicana no sirve, no le sirve a la ciudad. México está creciendo mucho más lento que otros países del continente porque su banca no sólo no ayuda, estorba. Hay que inventar nuevas formas de financiar producción y servicios locales. Y no se trata de crear más burocracia: el gobierno local será socio de inversionistas, aportando rentabilidad del negocio (el simple hecho de garantizar el manejo del presupuesto del DF asegura un margen de ganancia).
La propuesta tiene que evaluarse mucho más, cuantificar el negocio, ver la estrategia para que, cobrando la menor cantidad de comisiones e intereses más accesibles, sea negocio (obvio, la operación electrónica será fundamental). Si a través de este banco se lograra consolidar una banca útil para el desarrollo, el gobierno terminaría deshaciéndose de sus acciones y sus asientos en el consejo de administración cuando hubiera garantías del compromiso de la banca local con el desarrollo.
En tanto tengamos una banca bastarda, será mejor que busquemos nuevas fórmulas para financiar el desarrollo. Con ellos no se cuenta, y por justicia debemos evitar que los bancos sigan saqueando al país, pero no bajo una estrategia populista como la de 1982, sino con participación del empresariado local. El DF tiene más población que todo Luxemburgo (18 veces más) y sin embargo Luxemburgo es una potencia finaciera a nivel internacional; el DF tiene más población que muchos paraísos fiscales. No será un paraíso fiscal, pero siendo una ciudad de servicios podría potenciar su banca y en el largo plazo atraer ingresos internacionales, nuestro objetivo es más bien de corto y mediano plazo: como ya dije, financiar el desarrollo en mejores condiciones que los voraces bancos seudomexicanos.
lunes, 3 de agosto de 2009
Una mejor ciudad, un mejor transporte
Me gusta comentar los temas con la mayor de las objetividades. Y en ese sentido me hago la pregunta de si la Ciudad de México será mejor el 4 de diciembre de 2012 que el 5 de diciembre de 2006, y respondo de manera afirmativa. No es el mismo caso del 4 de diciembre de 2006 respecto al 5 de diciembre de 2000.
Uno de los argumentos para afirmar lo que he afirmado en el párrafo anterior es la perspectiva en el cambio del transporte. No es la única, me refiero también a la habitabilidad de la ciudad. No sé si sea más segura, pero hay espacios conquistados por los ciudadanos comunes y corrientes.
El corredor "Cero Emisiones" al que algunos nos referimos como "Cero Inversiones" no es un mal proyecto tal como fue implementado, pero era mucho más ambicioso y quedó sólo en un muy buen corredor pero no en una conquista de espacios por el transporte público frente al privado. Las nuevas rutas expreso, el crecimiento del parque vehicular de RTP y la consecuente consolidación de sus rutas (tienen frecuencias de paso bastante aceptables), más la construcción de la línea 12 del metro, por primera vez la ciudad apunta a tener una red integrada de autobuses. Falta mucho, porque seguimos viendo combis y microbuses en muy malas condiciones por todos lados, pero me parece que si queremos un transporte más o menos decente, tenemos opciones equivalentes a países desarrollados a precios relativamente bajos (la mayoría de los habitantes de esta ciudad puede viajar en autobús a una estación del metro y de allí llegar a muchos lugares y luego salir y tomar otro transporte). La limitante está en que teniendo esas alternativas, no todos las usan, pero existen y si bien es cierto que es necesario sufrir apretujones, esto ocurre en casi cualquier ciudad desarrollada con un buen sistema de transporte. Claro, se podrían tener mejores opciones de trenes, pero el cambio que está ocurriendo con algunos corredores, aún cuando era muy factible construir 10 líneas del Metrobús y ello no está ocurriendo, hoy Eje Central y Reforma ya cuentan con mejores opciones, así como el Circuito Bicentenario. A esto hay que sumar al menos una ruta de Suburbano, impulsado por el Gobierno Federal, y pudieran ser dos o quizá las tres previstas antes de la crisis. Faltan aún tres años y medio de gobierno y podemos suponer que habrá otros proyectos. No hay que olvidar la renovación de los taxis también y el emplacamiento de muchos irregulares.
Este tema me entusiasma. Evidentemente, y sin menospreciar el trabajo de Armando Quintero, que no ha sido malo, yo me habría enfocado mucho más en el impulso de corredores de mayor capacidad (es decir, las 10 rutas de Metrobús), pero esto no se contrapone, al contrario, es casi lo que planteé en 1997 (Andar en el siglo XXI se llamaba el libro) de fomentar unos 15 corredores semiconfinados que sean la punta de lanza para mejorar el transporte de la ciudad (en aquel entonces mi planteamiento era algo más sencillo que el Metrobús, simplemente tener una base de avenidas en las que la normatividad fuera muy estricta, los autobuses de mejor calidad, y que los automóviles no invadieran los carriles del autobús). El Eje Central es el primero de estos proyectos, pero Reforma terminará funcionando con un confinamiento parcial y quizá pronto se copie el esquema, ante las dificultades para construir Metrobús, en otras avenidas.
Está muy mal que los microbuses de Eje Central se muevan al Eje 1 Poniente, como de hecho ocurrirá, pues en realidad las Cero Emisiones son un engaño: se seguirán emitiendo los mismos contaminantes, pero ahora 1 kilómetro hacia el poniente.
De la mano de estos proyectos de transporte, se ha fomentado la convivencia peatonal y las bicicletas, particularmente los domingos, pero esto está sacando a la gente hacia los lugares públicos. Falta mucho por hacer para consolidar esta tendencia, pero creo que eso me parece sano.
Los recursos de la ciudad alcanzarían para más. Es reprobable el reciente nombramiento de Fernando Aboitiz como Secretario de Obras, siendo tan evidente su corrupción: en Miguel Hidalgo quitó los sellos de clausura a todo lo que su predecesor había castigado por violar la ley, sentencias que estaban ganadas en los tribunales fueron perdidas por cambios en la estrategia jurídica o simplemente por el retiro de la demanda, obtuvo dinero por donde pudo y precisamente por las pruebas que fue dejando terminaron haciéndole manita de puerco para renunciar al PAN ¡y qué bueno que lo hizo! pero es evidente que ha sido tan eficaz en sus prácticas corruptas que por eso lo ponen al frente de las obras de la ciudad. Fernando Aboitiz se encargará de fondear la precampaña de Marcelo Ebrard y eso es grave, porque se están dejando de hacer muchas obras a través de los pagos que se triangulen con las constructoras. Nadie asocia la palabra "decente" con el nombre de Fernando Aboitiz.
La ciudad será mejor, pero si se hicieran las cosas bien, la ciudad sería sorprendentemente mejor, y es increíble que ningún político le apueste a la pulcritud como mejor forma de propaganda, pues en realidad lo sería. Si hoy no tenemos ninguna obra grande, además de la línea 12 del metro, como hace un año estábamos colmados de obras, es porque fue un año electoral y no sólo por la crisis. Las prioridades fueron otras. Las cosas mejoran con muy poquito (están incorporando menos de 500 autobuses, que cuestan menos de 2 millones, es decir, con menos de 1000 millones de pesos están mejorando el transporte de la ciudad, qué pasaría si dedicaran más recursos sólo a crear corredores de calidad).
El rumbo es el correcto, pero no tengo la menor duda de que se puede hacer más.
Uno de los argumentos para afirmar lo que he afirmado en el párrafo anterior es la perspectiva en el cambio del transporte. No es la única, me refiero también a la habitabilidad de la ciudad. No sé si sea más segura, pero hay espacios conquistados por los ciudadanos comunes y corrientes.
El corredor "Cero Emisiones" al que algunos nos referimos como "Cero Inversiones" no es un mal proyecto tal como fue implementado, pero era mucho más ambicioso y quedó sólo en un muy buen corredor pero no en una conquista de espacios por el transporte público frente al privado. Las nuevas rutas expreso, el crecimiento del parque vehicular de RTP y la consecuente consolidación de sus rutas (tienen frecuencias de paso bastante aceptables), más la construcción de la línea 12 del metro, por primera vez la ciudad apunta a tener una red integrada de autobuses. Falta mucho, porque seguimos viendo combis y microbuses en muy malas condiciones por todos lados, pero me parece que si queremos un transporte más o menos decente, tenemos opciones equivalentes a países desarrollados a precios relativamente bajos (la mayoría de los habitantes de esta ciudad puede viajar en autobús a una estación del metro y de allí llegar a muchos lugares y luego salir y tomar otro transporte). La limitante está en que teniendo esas alternativas, no todos las usan, pero existen y si bien es cierto que es necesario sufrir apretujones, esto ocurre en casi cualquier ciudad desarrollada con un buen sistema de transporte. Claro, se podrían tener mejores opciones de trenes, pero el cambio que está ocurriendo con algunos corredores, aún cuando era muy factible construir 10 líneas del Metrobús y ello no está ocurriendo, hoy Eje Central y Reforma ya cuentan con mejores opciones, así como el Circuito Bicentenario. A esto hay que sumar al menos una ruta de Suburbano, impulsado por el Gobierno Federal, y pudieran ser dos o quizá las tres previstas antes de la crisis. Faltan aún tres años y medio de gobierno y podemos suponer que habrá otros proyectos. No hay que olvidar la renovación de los taxis también y el emplacamiento de muchos irregulares.
Este tema me entusiasma. Evidentemente, y sin menospreciar el trabajo de Armando Quintero, que no ha sido malo, yo me habría enfocado mucho más en el impulso de corredores de mayor capacidad (es decir, las 10 rutas de Metrobús), pero esto no se contrapone, al contrario, es casi lo que planteé en 1997 (Andar en el siglo XXI se llamaba el libro) de fomentar unos 15 corredores semiconfinados que sean la punta de lanza para mejorar el transporte de la ciudad (en aquel entonces mi planteamiento era algo más sencillo que el Metrobús, simplemente tener una base de avenidas en las que la normatividad fuera muy estricta, los autobuses de mejor calidad, y que los automóviles no invadieran los carriles del autobús). El Eje Central es el primero de estos proyectos, pero Reforma terminará funcionando con un confinamiento parcial y quizá pronto se copie el esquema, ante las dificultades para construir Metrobús, en otras avenidas.
Está muy mal que los microbuses de Eje Central se muevan al Eje 1 Poniente, como de hecho ocurrirá, pues en realidad las Cero Emisiones son un engaño: se seguirán emitiendo los mismos contaminantes, pero ahora 1 kilómetro hacia el poniente.
De la mano de estos proyectos de transporte, se ha fomentado la convivencia peatonal y las bicicletas, particularmente los domingos, pero esto está sacando a la gente hacia los lugares públicos. Falta mucho por hacer para consolidar esta tendencia, pero creo que eso me parece sano.
Los recursos de la ciudad alcanzarían para más. Es reprobable el reciente nombramiento de Fernando Aboitiz como Secretario de Obras, siendo tan evidente su corrupción: en Miguel Hidalgo quitó los sellos de clausura a todo lo que su predecesor había castigado por violar la ley, sentencias que estaban ganadas en los tribunales fueron perdidas por cambios en la estrategia jurídica o simplemente por el retiro de la demanda, obtuvo dinero por donde pudo y precisamente por las pruebas que fue dejando terminaron haciéndole manita de puerco para renunciar al PAN ¡y qué bueno que lo hizo! pero es evidente que ha sido tan eficaz en sus prácticas corruptas que por eso lo ponen al frente de las obras de la ciudad. Fernando Aboitiz se encargará de fondear la precampaña de Marcelo Ebrard y eso es grave, porque se están dejando de hacer muchas obras a través de los pagos que se triangulen con las constructoras. Nadie asocia la palabra "decente" con el nombre de Fernando Aboitiz.
La ciudad será mejor, pero si se hicieran las cosas bien, la ciudad sería sorprendentemente mejor, y es increíble que ningún político le apueste a la pulcritud como mejor forma de propaganda, pues en realidad lo sería. Si hoy no tenemos ninguna obra grande, además de la línea 12 del metro, como hace un año estábamos colmados de obras, es porque fue un año electoral y no sólo por la crisis. Las prioridades fueron otras. Las cosas mejoran con muy poquito (están incorporando menos de 500 autobuses, que cuestan menos de 2 millones, es decir, con menos de 1000 millones de pesos están mejorando el transporte de la ciudad, qué pasaría si dedicaran más recursos sólo a crear corredores de calidad).
El rumbo es el correcto, pero no tengo la menor duda de que se puede hacer más.
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