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lunes, 6 de diciembre de 2010

7000 espontáneos

Hace unos días pude asistir a la inauguración del Mexipuerto de Ciudad Azteca y el Mexibús a Ojo de Agua. Los dos proyectos me entusiasman y son dos proyectos, el segundo aún con muchísimos defectos pero con gran potencial, que demuestran voluntad del gobierno de Enrique Peña. Sin embargo, el método de inauguración deja en claro lo que no queremos vivir nuevamente en el país.

El Mexipuerto es una concesión de un terreno y la operación del transporte público en ese espacio, a una empresa que construyó un centro comercial conectado a la terminal de la línea B del metro. La empresa ha cuidado mucho la operación y el sitio es seguro, limpio, fácil de transitar y con gran potencial de réplica en el resto de la Zona Metropolitana. Lleva ya varios meses operando, pero por fin se dio la inauguración formal. A los 65 minutos de la hora indicada arribó el tercer helicóptero a la estación, y perseguido por los medios, especialmente fotógrafos y camarógrafos, bajó un artista de televisión, con chamarra roja, copete y 3 días de casado a cuestas. Pablo Suárez, director de Transporte Masivo del Estado de México daba la explicación a un hombre sordo que sólo atendía y respondía los saludos, cual personaje de la farándula.

Peña se entretuvo aún unos minutos, tal vez 15, entre el sitio de la inauguración y la estación del Mexibús, un nivel abajo. Todo ese tiempo lo dedicó a saludar gente. Como otros invitados, me monté con anticipación en uno de los dos buses que nos llevaría a Ojo de Agua en un trayecto sin paradas. Como el Mexibús cuenta con carril de rebase no nos detuvimos. Los policías se encargaron de que ni un semáforo en rojo nos parara y en cada estación se observaba una comitiva oficial saludando el convoy de autobuses articulados, como si esto fuera China o Corea del Norte.

Al llegar a Ojo de Agua los autobuses no se detuvieron en los andenes, ya en patio descendimos por los estribos de emergencia. Allí, unas diez mil personas según yo, siete mil según algún periódico, esperaban a Enrique Peña. Miles de espontáneos con camiseta roja encendidos como si hubiera llegado un artista. Me acomodé en uno de los pocos espacios libres que destinaron a los invitados especiales, pero justo donde la lona no nos cubría del sol. Pronto la mayoría de los invitados especiales se movieron de lugar hasta que los de seguridad nos cerraron el paso a los demás. Mi decisión fue salir del lugar. Ya no había mucho más que escuchar: la dirección de las miradas aún estaba muy lejos del presidium. El artista idiota seguía repartiendo besos. Todos los demás éramos escenografía.

En las decepciones de la transición democrática sin duda están las declaraciones irresponsables de los dos presidentes de la alternancia. Fox con su Y yo por qué, los trabajos que Ni los negros quieren realizar, Comes y te vas, y cuantas imprudencias podamos pensar. Calderón no se queda atrás, Aiga sido como aiga sido, Pleito de pandillas, Murió de gastritis. La ineptitud para ejercer los recursos contracíclicos que anunció el presidente frente a la crisis, el amiguismo, la intromisión en la dirección del PAN, entre otras cosas, son sin duda hechos de gobierno que no queremos ver más en México. Sin embargo, el hecho de que muchos mexicanos hayamos terminado repudiando a un gobierno por el que votamos no significa que deseemos que regrese el viejo sistema.

Si el regreso del PRI implica un gobierno mejor capacitado, un gobierno prudente, profesional, transparente, que combata la corrupción, las evaluaciones costo - beneficio, bienvenido. Pero es claro que con Peña a la cabeza de las encuestas, la parafernalia de artista de Televisa, la trivialidad en la conducción de políticas públicas, lo que volvería es justo la parte del PRI que fue repudiada por los mexicanos en las elecciones de 2000. Ese sistema corporativista, que combate la crítica, que usa la transparencia sólo de adorno, que representa la simbiosis entre partido y gobierno, entre negocios familiares y servidores públicos, y hasta entre mafia y gobierno, no debe volver.

El gobernador llegó tarde no por la carga de su agenda, sino porque él debe ser el eje de la inauguración, no el objeto inaugurado ni los sujetos beneficiados. El gobernador no se interesa por un mejor transporte, ni siquiera quería escuchar la exposición. Los servidores públicos saludando uniformemente al convoy en cada estación son una imagen que difícilmente olvidaré: de verdad me imaginé acompañando a Kim Jong-Il por Pyongyang. No hay mayor riesgo de equivocarse en una política pública que cuando el fin de la misma no es el beneficio de la acción gubernamental sino el tamaño de la inauguración.

La apertura del Mexibús hasta Ojo de Agua me ha dejado claro que Enrique Peña no debe ser presidente.

2 comentarios:

José Alberto dijo...

Más aún, tenemos que apostarle por las políticas públicas y no solamente a los "hombres". Por eso Karl Popper decía que ante la falibilidad de los hombres, la solidez de las instituciones (que incluye buenas políticas públicas). En el DF con Marcelo Ebrard y sus inauguraciones, en Jalisco con su gobernador "asquito" y con Felipe, los actos públicos de cumplir con la rendición de cuentas se convierten en teatros y pasarela de exhibición política. ¿Hasta dónde sabesmos lo eficiente o ineficiente del gobierno de Peña Nieto frente a la endulcorada imagen televisiva que nos vende?

JAMS

Anónimo dijo...

Mejor no lo podría haber dicho, la "inauguración" del Mexibus es la muestra clara de la forma de gobernar de Peña, al mas puro estilo del PRI de antaño, y claro, no es la primera vez que le vemos hacer un festival de este calibre cuando inaugura algo.

Lo mas lamentable del asunto es la supuesta "inauguración" de algo que aun no funciona, a menos que inaugurar periodos de prueba sea lo de hoy jaja.

En fin, perfectamente entendible la fecha elegida, ya que en caso de haber iniciado el servicio de forma inmediata las deficiencias de la obra hubieran opacado la fiesta a Mr. Copetes.