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lunes, 19 de septiembre de 2011

Tecnología y respeto a las normas

En la mejora de la movilidad urbana, las acciones sustentables deben siempre ir ganando premios y las no sustentables castigos. Esto es algo que en términos generales tiene un consenso en la sociedad. Muchas veces no es tanto una cuestión de dinero para invertir, sino de cómo una ciudad, un estado, un país, decide tomar tales o cuales acciones.

Uno de los problemas más constantes de los mexicanos está en el cumplimiento de la ley. No sabemos apegarnos bien a la ley pero sabemos que esa es cualidad y defecto. A veces nos podemos sentir tan orgullosos de la flexibilidad de nuestro sistema pero en el fondo es claro que las mayores dificuldes para avanzar, pasan por temas como legalidad y confianza.

En el caso concreto del respeto a la reglamentación de tránsito me parece que la Ciudad de México no está ya en su ruta más anárquica y que con pequeñas medidas ha ganado en cultura de la legalidad: radares de velocidad, alcoholímetro, uso del cinturón de seguridad, verificación vehicular y hoy no circula, entre otras acciones. Sin embargo, es clara la paupérrima formación de la policía y la escasa capacidad para imponerse en ciertos temas.

Mientras en Insurgentes las vueltas a la izquierda son en general cosa del pasado, hay muchos otros lugares de la ciudad donde frente a la prohibición expresa ocurre el estacionamiento en lugar prohibido, la vuelta a la izquierda, el exceso de velocidad y la imposición del automóvil sobre cualquier otra forma de movilidad.

He visto autos circulando por el carril de metrobús cuando hay un tráfico severo. ¿Puede la policía hacer algo para evitarlo? Bajo la condición actual es imposible cuando la infracción es generalizada. Es decir, en vísperas de puente la policía no se da a basto si los autos empiezan a invadir el carril. Con la expansión de los sistemas de transporte tendremos más carriles exclusivos del bus y estos deben ser respetados. Cada vez son más frecuentes las violaciones al carril exclusivo del trolebús en Tasqueña, División del Norte, Eje Central y Eje 2 Sur. Nadie aplica la ley.

La solución del radar y la fotografía tendría que ser llevada al transporte público. Buses y trolebuses equipados con cámaras estarían fotografiando vehículos invasores. En vez de que un policía solitario detenga a decenas de invasores habría que recurrir a cámaras presentes en los vehículos del transporte público, así como otras posibles cámaras. La sanción de remitir el auto al corralón es tan difícil de cumplir (el policía tendría que contar con una grúa al lado), que en vez de ésta debería elevarse el monto de la multa a uno tan oneroso que generara persuación. Automatización más multa elevada generarían un gran respeto.

Convendría aplicar métodos similares para otras violaciones a la normatividad, como estacionarse en áreas peatonales o en lugar prohibido. De nuevo, el método actual no garantiza cumplimiento. La grúa es discrecional y rápido tienen arreglos con los verdaderos dueños de las calles: restauranteros y franeleros. En cambio, terminan haciendo cumplir las reglas en vehículos que no están estorbando, que si bien están estacionados en lugar prohibido generalmente lo están en avenidas en las que no se respeta nunca la reglamentación pero no hay franeleros. No están generando persuación ni cumplimiento. Otros métodos serían más efectivos. La fotografía, el odiadísimo candado o simplemente la multa en el parabrisas, en vez de una grúa que remite al corralón para luego obligar al dueño (no al infractor) a un trámite burocrático para liberar el vehículo, con la sensación de injusticia.

El sistema de operativos que hoy prevalece, con policías de tránsito con colores fosforescentes y multas con dispositivos electrónicos sólo apantalla pero no es suficientemente efectivo. Caminemos hacia la percepción de cumplimiento con acciones que redunden en beneficio social y que además garanticen: agilidad del transporte público, respeto al espacio peatonal, formación de los policías y en general la ruta hacia una mejor sociedad.