El bloguero de la megablógolis

se quiere desblogueromegablogolizar,
el que lo desblogueromegablogolizare
será un desblogueromegablogolizador


lunes, 7 de febrero de 2011

La tentación de los centros comerciales

Pertenezco a una generación que creció ya paseando los domingos por los centros comerciales y descubriendo uno a uno los sitios que se abrían por toda la ciudad. Cuando era niño había básicamente dos de estos centros en mi mundo: Plaza Universidad y Plaza Satélite.

Plaza Universidad tenía un diseño interesante: un gran cine (el Dorado 70) y los "Multichiqueros" como les llamábamos a los Multicinemas. Los pasillos del centro comercial eran abiertos simulando quizá alguna calle peatonal. Poco a poco los pasillos de Plaza Universidad se fueron transformando, se les colocaron techos, los cines se transformaron, y su público objetivo cambió. En el ínter se abrían más plazas: Perisur, Plaza Inn, Centro Santa Fe, Galerías Insurgentes, Galerías Coapa, Las Américas, Parque Tezontle, Antara, Paseo Acoxpa y muchos otros más.

En la transformación, cada centro comercial se impone nuevos retos. El mayor salto de los últimos años ha sido Antara: una calle falsa, peatonal, abierta, con tiendas de lujo recoge todas las aspiraciones de la clase media que cree que al comprar allí se vuelve de clase alta. Con la misma inspiración se están haciendo otros centros similares: Andares en Guadalajara, Reforma 222, Parques Polanco y, me parece, Paseo Acoxpa. Todos cuentan con un amplio estacionamiento, así lo exige la ley y así ha convenido a los desarrolladores. Solamente, que yo ubique, Reforma 222 cuenta con una pequeña área de estacionamiento para bicicletas, generalmente saturada.

Tengo la impresión de que conforme se amplía el número de plazas comerciales -a las que hay que añadir una distinta configuración de las plazas ligadas a tiendas de autoservicio, que también atraen visitantes por sí solas-, los niños se desvinculan del espacio público.

Cuando uno va a una plaza pública puede tomar fotos de los edificios, de los parques, del espacio en general. Cuando uno va al centro comercial, acaso podrá tomar fotos de las personas con las que está, pero si intenta tomar fotos del sitio de manera abierta se enfrentará al personal de seguridad, rigurosamente seleccionado para carecer de criterio. En su calidad de terrorista en potencia el ciudadano puede comprobar que no está en un espacio público (la misma prohibición, me cuentan, opera de manera ilegal para quien intenta fotografiar edificios de Santa Fe).

La visita a los centros comerciales es, por lo general, para actividades muy simples: comida ligera (fast food), algún postre (helado por lo regular), café y cine. Es decir, acciones que uno podría realizar en la calle si reforzáramos las plazas públicas. Los cines se han ido casi completamente hacia los centros comerciales pero todo lo demás suele estar en los centros históricos de las delegaciones que ciertamente también se llenan los fines de semana, pero generalmente ofrecen alternativas sólo a quienes se sienten discriminados por entrar a pie a un centro comercial, es decir a la población más humilde.

Los centros comerciales son seductores, sin duda, pero nos han de fijar un reto: ¿cómo hacer que el espacio público sea tan seductor como la moda, las luces de colores, la iluminación y las comodidades de los centros comerciales? El problema es que el propio reto está rodeado de trampas: los pasillos de los centros comerciales no tienen coches y cada que se peatonaliza una calle la autoridad debe encabezar una articulación de esfuerzos públicos y privados, mientras que en los centros comerciales domina el interés económico.

Sin embargo, y sin duda, esos pasillos libres de coches -salvo los que están en exhibición para venta, a menudo nuevos modelos que llaman mucho la atención- nos recuerdan que la conquista del espacio público pasa por zonas peatonales o de tráfico calmado. La otra alternativa es que los pasillos de los centros comerciales se conviertan en pistas de Go karts para que la gente se sienta amenazada por los carritos y huya hacia las calles.

3 comentarios:

Moy dijo...

A mí también me tocó el boom del centro comercial en las ciudades mexicanas. He vivido en varias pero mayoritariamente en Ciudad de México y recuerdo que, sí, mientras cumplía la mayoría de edad, la actividad cotidiana para el fin de semana era ir a algún centro comercial a "dar una vuelta" con los amigos o al cine. La verdad es que no había reflexionado mucho que esto se debe a que a falta de buenos espacios públicos recreativos, el sector privado se convirtió en una alternativa para que la población pueda distraerse un poco, lo cual es triste ya que en la mayoría de nuestras ciudades podrían planearse zonas abiertas, seguras y con opciones para la gente en general. Ahora mismo estoy en Sydney, Australia, y he notado que aunque hay muchas zonas privadas comerciales, también en cada suburbio hay siempre parques, plazas con fuentes, pedestrian streets y playas con tiendas, restaurantes, cafés, librerías y bares. La gente tiene permitido reunirse en espacios públicos a comer o beber y pasar tiempo con amigos y familia. Me parece que, en Ciudad de México, la peatonalización de Madero y el rescate de Regina son buenos comienzos, pero todavía falta.

También creo que hay que considerar las ocasiones en que el "espacio público abierto" acaba privatizándose, como en las zonas históricas de las ciudades norteamericanas que han sido completamente ocupadas por comercios privados y si bien, no están cerradas al público, si uno desea pasar un rato ahí, debe pagar (al menos un café o una cerveza).

José Alberto dijo...

Estoy de acuerdo con Moy y creo también que debemos volver a mirar a muchas de las zonas que hemos olvidado o que estos centros comerciales han desplazado: los mercados públicos, los parques y jardines, "los tianguis"...con poco de atención e inversión pueden reconstruirse zonas de identidad barrial.

Roberto Remes Tello de Meneses dijo...

Moy y José Alberto, muchas gracias por sus comentarios.